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La igualdad de género como meta de desarrollo

NUEVA YORK – A pesar de los avances en muchas sociedades, en casi todas partes las mujeres aún sufren altos niveles de discriminación. Incluso en los países más avanzados en igualdad de género, están sobrerrepresentadas en empleos de menor paga, infrarrepresentadas en puestos jerárquicos de los sectores público y privado, y son las receptoras en la mayor parte de los casos de violencia doméstica.

Hay partes del mundo en desarrollo donde la situación es mucho peor. En muchos casos, las normas culturales tradicionales impiden a las niñas recibir una auténtica educación; llevan a demasiadas a casarse y tener hijos durante la adolescencia; y hasta prohíben a las mujeres abrir una cuenta bancaria.

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A comienzos de este siglo, la comunidad internacional adoptó un ambicioso conjunto de metas: los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Aunque desde entonces se avanzó mucho (también en el área de igualdad de género), todavía queda mucho por hacer. Si bien la escolarización de las niñas en los países en desarrollo aumentó considerablemente, todavía demasiadas crecen en condiciones de pobreza, insalubridad, educación deficiente, discriminación y violencia.

La mayor parte de la gente en todo el mundo coincide en que hombres y mujeres merecen el mismo trato, y también sabemos que empoderar a las mujeres es un modo muy eficaz de ayudar a las familias y sociedades a salir de la pobreza. ¿Cómo lograr la mayor igualdad de género con el menor costo?

Calcular los costos y beneficios de un programa de mejora de los derechos de las mujeres no es fácil, pero algunos análisis del centro de estudios que dirijo (el Consenso de Copenhague) ofrecen pistas valiosas. Por ejemplo, invertir un dólar en programas de planificación familiar puede producir 120 dólares de beneficios, un rendimiento espectacular.

Esta información es especialmente importante ahora que los 193 gobiernos de las Naciones Unidas preparan el siguiente conjunto de objetivos que guiarán las iniciativas de desarrollo internacionales hasta 2030. Como los objetivos importantes son muchos, y limitados los recursos, habrá que tomar decisiones difíciles. ¿Qué objetivos de promoción de la igualdad de género incluir?

Una buena forma de hacer comparaciones directas entre objetivos es analizar el costo y el beneficio de cada uno. El Consenso de Copenhague pidió a más de 60 importantes economistas hacer un análisis comparativo de todas las cuestiones relevantes, como la educación, la seguridad alimentaria y energética, y la eliminación de la violencia contra las mujeres.

La igualdad de género abarca muchos aspectos importantes, pero una cuestión que define las oportunidades vitales es la salud reproductiva. En particular, dejar a las mujeres decidir si desean tener un embarazo, cuándo y con qué frecuencia conduce a una reducción de la mortalidad en el parto e infantil. También da a las madres más tiempo para criar a sus hijos e invertir en la generación siguiente. No es extraño entonces que invertir dinero en programas de planificación familiar sea tan buena elección.

Pero también hay otras metas dignas de atención en lo referido al género. El mejor modo de reducir la violencia contra las mujeres, sacarlas de la pobreza y empoderarlas para ser miembros plenos e igualitarios de la sociedad es cortar el ciclo de matrimonios y embarazos juveniles.

Lograr semejante cambio no será fácil, pero si las niñas pueden permanecer más tiempo en la escuela y tienen acceso a buenas oportunidades laborales al graduarse, es probable que se casen y tengan hijos más tarde. Por ejemplo, hay una experiencia en la India, donde se enviaron agentes a buscar personal para empleos administrativos bien pagos, que visitaron una muestra aleatoria de aldeas rurales a lo largo de tres años. Durante ese lapso, se observó un aumento del empleo femenino y una reducción del 5 o 6% en la proporción de casamientos y maternidades en mujeres de entre 15 y 21 años. Además, como el acceso a mejores oportunidades laborales daba incentivos para obtener una mejor educación, se prolongó la permanencia de las niñas del área en la escuela y las mujeres se inscribían en cursos de capacitación.

En general, la experiencia con el uso de diferentes metodologías y en distintos países demuestra que invertir un dólar en mejorar el acceso de las mujeres a oportunidades económicas rinde unos siete dólares en beneficios sanitarios, educativos y de reducción de la pobreza. Otros estudios muestran que mejorar la educación de las niñas también es una buena inversión, con un rendimiento de alrededor de 5 a 1.

Hay muchas otras metas de igualdad de género que sin duda parecen deseables, pero para las que no tenemos estimaciones de costos y beneficios. Por ejemplo, garantizar a las mujeres igualdad de derechos para heredar, firmar contratos, registrar empresas o abrir cuentas bancarias no supondría grandes costos y produciría amplios beneficios económicos. Pero no tenemos datos para cuantificarlos bien.

Asimismo, aumentar la representación política de las mujeres no costaría mucho, pero los beneficios, aunque bienvenidos, serían difíciles de cuantificar. Básicamente, se empezaría a dar la misma atención a las prioridades femeninas que a las de los hombres.

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No hay un modo sencillo de lograr algo tan complejo como la igualdad de género. Pero los análisis económicos pueden ayudarnos a determinar las mejores intervenciones. Es evidente que la comunidad internacional debe pensar seriamente en la planificación familiar como una de las prioridades para el siguiente conjunto de objetivos de desarrollo. Y respecto de otras metas de igualdad de género, ahora tenemos mejor información para compararlas con objetivos referidos a la nutrición, la salud, la pobreza y el medio ambiente.

Traducción: Esteban Flamini