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Un punto ciego en la seguridad nacional

WASHINGTON, DC – Erin Saltman percibió una tendencia que llamó su atención. Durante meses, la investigadora sénior especializada en contra-extremismo en el Instituto para el Diálogo Estratégico había rastreado de manera obsesiva los perfiles de más de 130 mujeres occidentales que se habían unido al Estado Islámico (ISIS). Saltman y su equipo detectaron que, en lugar de viajar a través de Turquía para llegar al cuartel central del ISIS en Siria, las mujeres se dirigían directamente a Libia. Como los roles de las mujeres dentro del ISIS están relacionados principalmente con la reproducción y la consolidación territorial, Saltman pudo deducir la razón: "El ISIS no sólo estaba buscando combatir a las fuerzas en Libia, sino también construir estado allí", explicó. "Nosotros lo señalamos y lo remarcamos antes de que las fuerzas de seguridad fueran conscientes de ello".

Para Saltman, invertir tiempo y dinero para pensar en las diferencias entre el movimiento de hombres y mujeres en el ISIS no tenía que ver "con la igualdad de género, sino con entender mejor cuestiones de seguridad específicas".

 1972 Hoover Dam

Trump and the End of the West?

As the US president-elect fills his administration, the direction of American policy is coming into focus. Project Syndicate contributors interpret what’s on the horizon.

Es una idea radical. Considerar las maneras divergentes en que pueden actuar, pensar o responder los hombres y las mujeres no implica simplemente marcar un casillero políticamente correcto. En verdad, puede ayudarnos a diseñar mejores políticas e identificar amenazas emergentes.

Sin embargo, muchos responsables de las políticas en Estados Unidos y en todo el mundo aparentemente siguen sin poder entender que examinar el comportamiento de las mujeres y los hombres puede mejorar su análisis y las medidas que proponen. New America recientemente realizó una investigación sin precedentes para determinar, después de que tras casi dos décadas de investigación, datos y cabildeo quedó cristalizado el vínculo crucial entre género y seguridad nacional, si las autoridades norteamericanas lo consideran cuando formulan sus políticas y, de ser así, cómo lo hacen. La respuesta concreta es: la mayoría de las veces, no.

Es algo así como si una persona corta de vista optara por no usar anteojos cuando mira un nuevo paisaje. Ignorar el impacto que las diferencias de género tienen en la efectividad de las políticas es irresponsable y arriesgado. Muchos países, entre ellos Estados Unidos, hablan de la boca para afuera. Casi 80 países han adoptado un Plan de Acción Nacional para implementar la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que describe un proyecto para involucrar a las mujeres en todos los aspectos de la política de seguridad. Pero los planes de acción no se han traducido en una consideración activa de los efectos de las políticas diferenciados por género.

Según nuestra investigación, los responsables de las políticas piensan que están superando su punto ciego de género porque hay más mujeres sentadas a la mesa. Se supone que incluir a más mujeres en los equipos de toma de decisiones integrará automáticamente las consideraciones de género en las políticas.

Esa suposición todavía tiene que ser probada. Todo lo contrario. Consideremos las políticas para refugiados y de inmigración de Alemania. Aunque Alemania tiene un Plan de Acción Nacional, ocupa el puesto número 11 en el Índice Global de la Brecha de Género (que clasifica a los países según los niveles de igualdad de género) y tiene una canciller fuerte y su primera ministra de Defensa en la historia, no logró considerar en un principio que su política podría tener efectos diferentes en los hombres y las mujeres.

Por ejemplo, la mayoría de los paradores para refugiados del gobierno no ofrecían baños y duchas exclusivos para hombres y mujeres -un desastre para las mujeres provenientes de contextos islámicos conservadores-. De la misma manera, el programa de idioma intensivo que el gobierno exigía a los inmigrantes no tenía en cuenta la imposibilidad de las mujeres de asistir a clase si no había alguien que cuidara a sus hijos. En definitiva, esas deficiencias hicieron que esas políticas resultaran menos efectivas para toda la población y que pudieran generar consecuencias de largo plazo para la seguridad en Alemania.

Nuestras entrevistas también sugieren que algunos responsables de políticas todavía consideran la ceguera en materia de género como algo positivo: a su entender, no pensar en los posibles efectos específicos que el género puede tener en las políticas contribuye a una atmósfera de mayor igualdad de género. Pero décadas de investigación han demostrado que la inclusión y la igualdad no deberían implicar que se ignoren las diferencias entre grupos poco representados. "La consecuencia de las políticas suele ser la misma para los hombres y las mujeres", un participante les dijo a nuestros socios de investigación en POLITICO Focus. "Escucharme decir eso me hace reflexionar. No tengo ni idea en qué se basa realmente esa conclusión -¿estoy repitiendo mecánicamente el mensaje de la compañía?"

De hecho, la consecuencia de la política normalmente no es la misma para los hombres y las mujeres, en parte porque su acceso a las oportunidades y los recursos suele ser desigual. Pero los responsables de las políticas suelen argumentar que existe una falta de datos sobre los diferentes impactos, especialmente datos que se pueden ajustar a los objetivos de seguridad nacional. "Es difícil analizar las cosas por el impacto del género", dijo una persona. "Las organizaciones de derechos humanos y asistencia lo hacen mejor; nuestras herramientas (de seguridad nacional) no son tan granulares. Y, muchas veces, se mide el éxito de manera anecdótica en lo que concierne a datos sobre género y educación".

Pero gran parte de la investigación cementa la conexión entre género y seguridad. Data2X, WomanStats e Inclusive Security son sólo algunas de las muchas organizaciones que tienen por misión reunir en bases de datos globales este tipo de datos e investigación diferenciados por género, ofreciendo una prueba irrefutable y empírica de que el estatus de las mujeres están intrínsecamente asociado al poder del estado, a la estabilidad, a la corrupción, a la prosperidad y a muchos otros indicadores.

En otras palabras, los estados débiles, inestables y corruptos son estados donde el estatus de las mujeres es bajo. La mayoría de los responsables de las políticas sacarían la conclusión de que fortalecer y depurar el gobierno y promover el crecimiento económico mejorará el estatus de las mujeres. ¿Pero qué pasa si las flechas causales apuntan en la dirección contraria?

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A diferencia de nuestros formuladores de políticas, el ISIS no espera para contar con más datos. Explota activamente la desigualdad de género para favorecer el reclutamiento y las operaciones. En sociedades donde las mujeres son tratadas como ciudadanos de segunda clase, al ISIS le cuesta menos reclutar mujeres con su propaganda de empoderamiento cuasi femenina, como una imagen que muestra a una mujer vestida con una burqa con las palabras "Niña cubierta… porque yo lo valgo". Una vez que las mujeres se han comprometido, es probable que puedan evitar la sospecha y pasar más fácilmente por los puestos de control de seguridad; las autoridades de seguridad y los responsables de las políticas, en su gran mayoría, siguen viendo a las mujeres exclusivamente como víctimas no amenazadoras de los conflictos violentos.

Los responsables de las políticas internacionales tienen que pensar en el género también en la lucha contra el ISIS -y en todos los demás contextos de seguridad nacional y política exterior-. En efecto, es importante tener mujeres sentadas a la mesa. Pero es igualmente importante que todos los formuladores de políticas hablen de las mujeres que no están allí y nunca estarán.