Gaza y el fracaso de la disuasión

Todos los días en la Franja de Gaza se pone a prueba la disuasión estratégica –la inhibición de un ataque mediante el temor de un castigo respaldado por un poder militar superior. La espiral ascendente de la violencia entre Israel y los militantes de Gaza indica no sólo que la disuasión no está funcionando, sino también que su efectividad depende del respeto de normas fundamentales de moralidad.

Algunos estrategas de la seguridad y teóricos de la guerra justa sostienen que la disuasión puede no ser objetable moralmente cuando no se afectan directamente las vidas o el bienestar de la población civil. La amenaza de represalias, que es la base de su efectividad estratégica, se mantiene implícita e hipotética. Sin embargo, cuando la disuasión no se puede diferenciar del castigo colectivo –prohibido según el derecho internacional por el artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra—es mucho menos probable que logre el objetivo que busca.

Israel, que se retiró unilateralmente a la periferia de Gaza en septiembre de 2005, ha estado tratando de impedir que los miembros de la resistencia palestina lancen cohetes a su territorio. Poco después de su retiro a la frontera de Gaza, Israel restringió estrictamente los vínculos entre Gaza y Cisjordania, así como la entrada y salida de mercancías de Gaza. Cuando en enero de 2006 se eligió un parlamento de tendencia favorable a Hamas en unas elecciones libres y justas, Estados Unidos e Israel encabezaron una campaña para impedir que todos los bancos, incluidos los árabes e islámicos, hicieran negocios con el nuevo gobierno.

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