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Aceptar el bitcoin

LONDRES – La moneda de Internet, el bitcoin, está rodeada de incertidumbre. ¿Es una burbuja especulativa? ¿Es de verdad tan anónima como sus defensores afirman? ¿Se puede de verdad usarla para comprar la legendaria variedad “viuda blanca” de marihuana o para contratar a un asesino a sueldo?

Ésas son indudablemente preguntas interesantes, pero están desviando la atención de los debates, más importantes, sobre las posibilidades del bitcoin para impulsar la innovación en el sector financiero.

En realidad, el bitcoin es tan innovador, que, además de alterar las convenciones monetarias, ha transcendido incluso las ideologías partidarias. De hecho, el premio Nobel de economía Paul Krugman y el icono del Tea Party, Ron Paul, se oponen diametralmente en casi cualquier cuestión, exceptuado el bitcoin (que desagrada profundamente a los dos).

Y, sin embargo, los oponentes del bitcoin deberían preguntarse cómo se podrían aplicar a la reforma del sistema financiero mundial las innovadoras ideas que subyacen a él. Aunque la crisis financiera de 2008 reveló profundas deficiencias institucionales, la reacción ante ella –incluidas salvaguardas reguladoras intensificadas como la Ley Dodd-Frank en los Estados Unidos y la normativa bancaria de Basilea III– no han hecho realidad la transformación necesaria. Asimismo, los movimientos de protesta como Occupy Wall Street, encaminados a dar a conocer –y en última instancia– reformar la cultura financiera, han dado resultados desiguales.