sachs342_Phil Noble WPA PoolGetty Images_g7 summit Phil Noble - WPA Pool/Getty Images

No necesitamos al G7

NUEVA YORK – La última cumbre del G7 fue desperdiciar recursos. Si había que celebrarla, que fuera virtual, para ahorrar tiempo, costos logísticos y emisiones aeronáuticas. Pero en un nivel más básico, las cumbres del G7 son un anacronismo. La dirigencia política tiene que dejar de dedicar energías a una actividad que no es representativa del estado actual de la economía mundial y cuyos resultados muestran una desconexión casi total entre los objetivos declarados y los medios elegidos para alcanzarlos.

En la cumbre del G7 no hubo absolutamente nada que no pueda hacerse con menos costo y más facilidad reuniéndose en forma periódica a través de Zoom. El encuentro diplomático más útil de este año fue la teleconferencia de abril entre el presidente Joe Biden y cuarenta líderes mundiales para hablar del cambio climático. Que haya reuniones periódicas virtuales de políticos, parlamentarios, científicos y activistas de todo el mundo es importante, ya que normalizan el debate internacional.

Pero ¿por qué mantener estas discusiones dentro del G7, superado ya por el G20? Cuando los países del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido) empezaron en los años setenta a celebrar sus cumbres anuales, todavía dominaban la economía mundial. En 1980 eran el 51% del PIB mundial (en precios internacionales), mientras que los países asiáticos en desarrollo sólo representaban el 8,8%. En 2021, esas mismas proporciones son apenas 31% para el G7 y 32,9% para los países asiáticos.

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