Skip to main content

El zar de los franceses

MOSCÚ – Vladimir Putin lo ha conseguido por fin. Rusia lleva siglos pugnando por lograr el aprecio de Occidente y la aprobación de los franceses, premio anhelado desde la época de Pedro el Grande, es la más codiciada, pero, pese a la derrota de Napoleón y a la alianza en la primera guerra mundial, Rusia nunca consiguió obtener respeto alguno de Francia. De hecho, las Cartas de Rusia del Marqués de Custine sugerían que la civilización rusa equivalía a poco más que mímica de monos.

Pero ahora parece haber recibido el sello aprobatorio francés, ¡y qué sello pantagruélico es, al  encarnarse en la corpulenta constitución del actor Gérard Depardieu, quien solicitó –y ya ha recibido– la ciudadanía rusa! Junto con un pasaporte, se le ofrece un piso gratuito en la región de Mordovia (que sigue siendo un emplazamiento del Gulag) e incluso un cargo: el de ministro de Cultura local. Dos siglos después de que las tropas francesas fueran expulsadas de Moscú en 1812, Putin ha logrado que un ídolo popular francés quiera ser ruso.

En Rusia y en otros países, existe la opinión de que los franceses se sienten superiores y actúan como tales. ¿Y quién podría reprochárselo? La belleza artística francesa no tiene parangón. Los franceses son los árbitros de la cultura europea y desde hace mucho los más expertos observadores de los usos y costumbres de otros países. De hecho, en el decenio de 1830 dos franceses, Alexis de Tocqueville y Custine, fueron a los márgenes de la civilización a describir las futuras superpotencias rivales: los Estados Unidos y Rusia.

We hope you're enjoying Project Syndicate.

To continue reading, subscribe now.

Subscribe

Get unlimited access to PS premium content, including in-depth commentaries, book reviews, exclusive interviews, On Point, the Big Picture, the PS Archive, and our annual year-ahead magazine.

https://prosyn.org/FEBXH35/es;
  1. op_anheier8_MichaelOrsoGettyImages_Atlasstatueinnewyork Michael Orso/Getty Images

    Philanthropy vs. Democracy

    Helmut K. Anheier

    For philanthropic institutions, the fundamental question of accountability first raised by the emergence of liberal democracy will not go away. To what extent should modern societies permit independent private agendas in the public realm and allow their advocates to pursue objectives that are not shared by governments and popular majorities?

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.