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Fukushima, prueba nuclear para Europa

MADRID – Vista desde Europa, la irracionalidad de la posición política y de los medios de comunicación sobre la energía nuclear ha aumentado y se ha intensificado, si acaso, en el año transcurrido desde la fusión de la central Daiichi de Fukushima, en Japón, y, sin embargo, una evaluación desapasionada del lugar que ocupa la energía nuclear en el mundo sigue siendo tan necesaria como ardua.

Los europeos no deberíamos pontificar sobre la política en materia de energía nuclear, como si nuestra opinión contara a escala mundial, pero lo hacemos. Por otra parte, Europa sí que tiene un cometido y la competencia consiguiente en el sector de la seguridad, en el que aún podemos promover un marco regulatorio e institucional internacional que discipline a los Estados y propicie una mayor transparencia en un área en el que los riesgos son mundiales, como la energía nuclear.

También es responsabilidad Europea hacer avanzar las investigaciones sobre tecnologías más seguras, en particular la cuarta generación de reactores nucleares. Los europeos no podemos permitirnos el lujo de desmantelar un sector industrial con gran valor añadido en el que aún contamos con una ventaja comparativa real.

En Europa, lo sucedido en Fukushima provocó un bombardeo en los medios de comunicación de obscuros presagios sobre la energía nuclear. El semanario alemán Der Spiegel anunció el “11-S de la industria nuclear” y “el fin de la era nuclear”, mientras que el principal diario español, El País, sermoneó, en el sentido de que el apoyo a “esa energía [era] irracional” y de que “China ha[bía] puesto freno a sus ambiciones nucleares”, pero la realidad ha demostrado que esos juicios eran a un tiempo sesgados y totalmente equivocados.