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De la terapia de shock a la terapia de sueño

Si la década de los noventa fue la era de la terapia económica de shock, la década actual podría ser recordada por la parálisis de las reformas económicas. Si bien las razones del estancamiento difieren de país a país, lo esencial es que hay pocos políticos en el mundo que estén logrando agilizar sus economías.

El problema no se da únicamente en mercados emergentes como Indonesia, México y Brasil, donde una izquierda en ascenso no ha logrado encontrar una alternativa viable al tan criticado "Consenso de Washington" de liberalización económica. También en muchos países ricos se aprecia el mismo fenómeno.

En una notable coincidencia de tiempos, el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi y el Canciller alemán Gerhard Schroeder convocaron elecciones adelantadas con la esperanza de dar energía a las reformas. En Alemania, las necesidades más urgentes son las reformas fiscal y del mercado laboral. En Japón, el gobierno de Koizumi quiere privatizar el enorme servicio postal, cuyo gigantesco brazo financiero está enrollado como pitón alrededor del sistema bancario del país.

Incluso en los Estados Unidos, uno de los pocos lugares donde la liberalización económica no está mal vista, el Presidente George W. Bush ha tenido sus propias frustraciones. A pesar de la enorme inversión de tiempo y energía, no ha logrado organizar a su propio bando para apoyar una propuesta relativamente modesta dirigida a evitar el colapso del programa de seguro para la vejez. En efecto, la popularidad de Bush ha resultado afectada por la reforma de las pensiones.