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De la oportunidad a la realidad en el Oriente Medio

Hace mucho tiempo que las palabras “oportunidad” y “Oriente Medio” no aparecían en una misma frase, pero ahora sí. Mejor aún: ese optimismo puede tener algún fundamento real.

Un importante factor para ese cambio de actitud es, naturalmente, la desaparición de Yaser Arafat de la escena. Como el Thane de Cawdor en Macbeth de Shakespeare, “nada en su vida fue tan oportuno como su salida de ella”.

Arafat nunca dejó de ser el hombre que apareció en las Naciones Unidas hace decenios con una rama de olivo y una pistola. Su renuencia a abandonar el terrorismo y optar por la diplomacia resultaron ser su perdición, pues perdió su legitimidad ante Israel y los Estados Unidos. El resultado fue la imposibilidad de crear un Estado palestino.

Pero la defunción de Arafat no es lo único que constituye un motivo de optimismo. Ahora tenemos una dirección palestina legitimada por las elecciones y que parece opuesta a utilizar el terrorismo para lograr fines políticos. Mahmud Abbas (Abu Mazen) tiene una buena ejecutoria, por haber puesto en entredicho la idoneidad de la intifada, que ha sacrificado demasiadas vidas y sólo ha causado sufrimiento y destrucción en todos los bandos de ese conflicto tan duradero.