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El experimento del dinero ultrafácil

BASILEA – Los bancos centrales del mundo están llevando adelante uno de los grandes experimentos de política de la historia moderna: el dinero ultrafácil. Y, con los avances del experimento, el riesgo del fracaso –y de las dolorosas correcciones y los profundos trastornos económicos que se desprenderían de él– ha aumentado.

Después de la crisis que comenzó en 2007, las tasas de interés de intervención bajaron a los niveles sin precedentes que actualmente mantienen y se tomaron medidas para recortar también drásticamente las tasas de más largo plazo. Nunca se vio algo así a escala global, ni siquiera durante lo más oscuro de la Gran Depresión. Además, los balances de muchos bancos centrales se han ampliado hasta niveles récord, si bien de maneras diferentes y por motivos distintos –subrayando aún más el carácter experimental de la flexibilización monetaria actualmente en curso.

Los riesgos que implican esas políticas exigen un cuidadoso examen, en especial porque el experimento actual parece ser un paso más por un camino trillado –un camino que condujo a la crisis en primer lugar.

A partir de la intensa flexibilización de la política monetaria que tuvo lugar después del crack de la bolsa de valores en 1987, la política monetaria ha sido aplicada de manera agresiva frente a cada empeoramiento de la situación económica (o incluso ante los pronósticos de empeoramiento) –en 1991, 1998, 2001 e, intensamente, después de los eventos de 2007. Por otra parte, los ajustes cíclicos subsiguientes siempre fueron menos agresivos que las flexibilizaciones que los precedieron. No sorprende entonces que las tasas de interés de intervención (tanto las nominales como las reales) hayan seguido un continuo sendero descendente hasta alcanzar sus valores actuales.