0

De la depresión a la libertad

La depresión clínica afecta, aproximadamente, a una de cada cuatro personas en algún momento de su vida. Es un estado mental grave y prolongado en el que la tristeza normal llega a ser un doloroso estado de desamparo, apatía, falta de motivación y cansancio, pero, por bien que se la defina, la depresión clínica es muchas cosas para muchas personas, que varían de leve a grave.

La depresión leve puede originar cavilaciones sobre los aspectos negativos de uno mismo o de otros, resentimiento, irritabilidad o enojo la mayor parte del tiempo, autocompasión y constante necesidad de que alguien infunda tranquilidad. También puede originar diversas afecciones físicas que no parecen causadas por enfermedad física alguna.

Al empeorar la depresión, los sentimientos de tristeza y desamparo extremos se combinan con poco amor propio, culpabilidad, pérdida de memoria y dificultades de concentración para crear un estado mental profundamente doloroso. Para colmo, puede haber un cambio en funciones corporales básicas. Los habituales ritmos diarios parecen fallar: no poder dormir o dormir demasiado, no poder comer o comer demasiado. Se pierde el entusiasmo por las actividades que suelen ser placenteras. A veces se da incluso la sensación de que la vida no vale la pena y se estaría mejor muerto.

El tratamiento más comúnmente usado para la depresión importante es la medicación antidepresiva. Es relativamente barata y a los médicos de familia, que son quienes tratan a la mayoría de las personas deprimidas, les resulta fácil prescribirla. Sin embargo, cuando ya ha pasado el episodio y cesa la medicación, la depresión suele volver y al menos el 50 por ciento de quienes han experimentado un episodio inicial de depresión ven que ésta vuelve, pese a haber parecido que se habían recuperado plenamente.