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Hay que suspender las suspensiones de los asentamientos

RAMALLAH – La decisión del Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de aprobar la construcción de nuevos asentamientos judíos en vísperas de una posible suspensión de esas actividades es la última ronda de un ciclo que se ha repetido tantas veces en los últimos 40 años que parecería algo rutinario si no fuera tan peligroso.

El ciclo funciona más o menos así: aumenta la presión estadounidense o internacional sobre Israel para que suspenda la construcción de asentamientos en los territorios ocupados. Entonces, los colonos israelíes y quienes los apoyan dedican incluso más energías a expandirse en tierras palestinas, a construir más asentamientos exclusivamente judíos y a destruir más hogares árabes antes de que la supuesta “suspensión” entre en vigor.

Cuando esto sucede, no es de sorprender que el proceso de paz deje de tener seriedad. A la larga, la presión disminuye y la suspensión no se materializa. Lo que queda son más asentamientos judíos. En efecto, la gran paradoja de este ciclo es que se construyen más asentamientos en épocas de negociación que en momentos de conflicto.

Los orígenes de este patrón pueden encontrarse en 1967. Los israelíes entienden que en política la única realidad es la que se da en el terreno. Mientras los soldados israelíes controlen los territorios ocupados, la idea de una suspensión de los asentamientos no se arraigará. De hecho, la exigencia de suspender los asentamientos no es más que un llamado a las armas para que un amplio grupo de israelíes y sus seguidores construyan en tierras palestinas robadas.