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Libertad, seguridad y terrorismo

Los Estados Unidos se encuentran actualmente en medio de una confusa búsqueda de un principio alrededor del cual puedan organizar sus políticas exterior y de defensa. Durante casi medio siglo, hasta la caída del sistema soviético a principios de los años noventa, la contención del comunismo era la doctrina central que guiaba la política de seguridad nacional del país. La ``guerra contra el terrorismo'' ha llegado a ser un sustituto conveniente. Pero no constituye cimientos sólidos (o particularmente admirables) sobre los que Estados Unidos pueda basar su papel en el mundo del siglo XXI.

La búsqueda de una nueva gran estrategia, o al menos de un principio rector, se hace confusa en los tiempos revolucionarios que estamos viviendo, una era sin precedentes de varias revoluciones simultáneas, épicas e históricas todas ellas.

La globalización está llevando a la internacionalización de los mercados, las finanzas y el comercio, mientras que la revolución de la información está cambiando la manera en que trabajamos, aprendemos y nos comunicamos. Ambas revoluciones están beneficiando al mundo desarrollado occidental, pero están dividiendo aún más a los que tienen y a los que no, en este caso, aquéllos que carecen de productos terminados, servicios o recursos con qué comerciar o que no tienen acceso a las nuevas tecnologías.

También están contribuyendo a una tercera revolución, la erosión de la soberanía (y en consecuencia de la autoridad) de los Estados nación. El fracaso de Estados, en especial de aquéllos construidos artificialmente por las grandes potencias después de las guerras o los remendados por las antiguas potencias coloniales, se está convirtiendo en un problema internacional serio y aparentemente así seguirá. A medida que la autoridad de los Estados se erosiona, la cuarta revolución, potencialmente la más peligrosa, surge: la transformación de la guerra y la naturaleza cambiante de los conflictos.