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Libre comercio hasta el cansancio

NUEVA YORK – Son tantos los que han escrito tanto contra las ideas confusas que hoy abruman el sentido común en materia de política comercial dentro del gobierno de Estados Unidos que uno se pregunta si realmente queda algo por decir. Sin embargo, vale la pena recordar lo que según se sabe Pierre-Joseph Proudhon le dijo al intelectual ruso Alexander Herzen: "¿Y usted piensa que es suficiente con decir algo una sola vez?... Hay que inculcárselo a la gente, es preciso repetirlo una y otra vez".

Lo que debemos hacer ahora es una guía de las principales ideas erróneas con la esperanza de que, a diferencia de la Ley de Gresham, según la cual la moneda mala expulsa de circulación a la moneda buena, la buena economía sacará de circulación a la mala economía. En particular, hay cuatro ideas equivocadas que es necesario corregir.

La primera idea errónea es que las exportaciones crean empleos, mientras que las importaciones no -una falacia de la cual el gran economista especializado en comercio Harry Johnson encontró rastros en el mercantilismo, y que Estados Unidos hoy hizo resurgir-. De hecho, en un mundo donde las partes y los componentes provienen de todos lados, la interferencia en las importaciones pone en peligro la competitividad. El éxito de las compañías de entrega de paquetes, por ejemplo, depende de las importaciones, que deben traerse desde las fronteras tierra adentro, así como de las exportaciones.

Segundo, el credo "Comercio, no ayuda" ha dado lugar a la idea equivocada de que el comercio importa menos que la asistencia extranjera. El electorado compuesto por los trabajadores, siempre temeroso de la competencia de las importaciones, socavó la política comercial. También desvió la política de ayuda en direcciones que le asignan prioridad a áreas donde los retornos para los esfuerzos estadounidenses son relativamente minúsculos.