Liberen a Tilly – y a todos los animales del circo

MELBOURNE – El mes pasado, en el parque de diversiones Sea World de Florida, una ballena agarró a una entrenadora, Diane Brancheau, la hundió en el agua y la batió a golpes. Para cuando llegaron los rescatistas, Brancheau ya estaba muerta.

La muerte de la entrenadora es una tragedia, y no se puede sentir más que compasión por su familia. Pero el incidente plantea interrogantes más amplios. ¿El ataque fue deliberado? ¿La ballena, una orca llamada Tilikum y apodada Tilly, actuó como resultado del estrés de estar cautiva en un tanque de concreto esterilizado? ¿Estaba cansada de que la obligaran a hacer piruetas para entretener a las multitudes? ¿Está bien mantener a animales tan grandes en un confinamiento tan reducido?

Tilly había estado involucrada en dos muertes humanas anteriormente. En un episodio, un entrenador se cayó a la pileta y Tilly y otras dos ballenas lo ahogaron. En otro, un hombre que aparentemente se había metido en el recinto por la noche, cuando Sea World estaba cerrado, fue encontrado muerto en la pileta con Tilly. Una autopsia reveló que tenía la marca de una mordedura. Una de las crías de Tilly, que fue vendida a un parque de diversiones en España, también mató a un entrenador, como lo han hecho otras orcas en otros parques.

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