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El cuarto momento de Francia

KYIV – Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Francia constantemente aceptó el reto de reestructurar a Europa en tiempos de crisis. Al hacerlo, se convirtió en el catalizador no sólo de la construcción de la unidad europea, sino también de la creación de la prosperidad que marcó las décadas de posguerra de Europa -una prosperidad hoy amenazada por la crisis financiera y económica global-. Si de los desafíos actuales hemos de ver surgir una Europa más fuerte, se necesita una vez más del visionario liderazgo francés.

El primer momento en que el liderazgo francés decisivo comenzó a unificar a Europa se produjo cuando Robert Schumann y Konrad Adenauer crearon la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Al enraizar a la entonces Alemania occidental en el tejido político, económico y social de Occidente, ese paso presagió el inicio del renacimiento y el milagro económico de Alemania.

La segunda vez que Francia consolidó la arquitectura interna de Europa fue en 1983, durante los debates sobre la instalación de misiles crucero y Pershing norteamericanos en Alemania para contrarrestar el despliegue de misiles SS20 por parte de la Unión Soviética. La determinación de Francia de permanecer junto a Alemania ayudó a impedir que Alemania cayera en una neutralidad peligrosa que habría sacudido a la comunidad europea hasta la médula.

El tercer momento se produjo después de la caída del Muro de Berlín, cuando se temía que una Alemania ampliada pudiera desestabilizar a Europa. Después de intentar en un principio demorar la reunificación, Francia terminó aceptándola, a cambio de que Alemania reafirmara su compromiso con la unidad europea y el liderazgo franco-alemán de la comunidad europea. Como resultado, Alemania se comprometió con la idea de "una unión cada vez más estrecha", y hasta de una manera más definitiva aún, al prometer sumarse a la moneda europea común, el euro.