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Una alianza política progresista para Europa

WASHINGTON, DC – En menos de tres semanas sabremos quién asumirá la presidencia de Estados Unidos a partir de enero. La clase de socio que esa persona encuentre en Europa dependerá en gran medida del resultado de dos elecciones en 2017: la elección presidencial francesa a principios de mayo y la elección federal alemana a fines de octubre.

Por supuesto, la salida del Reino Unido de la Unión Europea también influirá en la forma futura de Europa. La opción de Brexit “duro”, de la que mucho se habló estos últimos tiempos (sobre todo desde que la primera ministra británica Theresa May anunció su intención de insistir en la imposición de límites a la inmigración, aunque implique perder el acceso al mercado común europeo), cambiaría el modo en que funciona Europa.

Como escribió hace poco el primer ministro francés Manuel Valls, la gran disyuntiva a la que se enfrenta la dirigencia europea es entre “desistir y dejar el proyecto europeo abandonado a una muerte lenta pero segura” o “transformar la UE”. Semejante transformación no será hazaña menor; demandará no sólo una nueva visión institucional para Europa, sino también una reestructuración política a gran escala, particularmente en Francia y Alemania.

Una visión institucional viable, que describí mucho antes del referendo por el Brexit, es establecer “dos Europas en una”, de modo que los países de la eurozona formarían una “Europa A” más profundamente integrada, y otro grupo de países formaría una “Europa B” más diversa y menos conectada. Ambas Europas estarían estrechamente vinculadas, con cierta variación en los mecanismos de participación para los miembros de Europa B. Juntas, las dos Europas serían parte de una “alianza continental” post-Brexit que en algún momento incluso podría reemplazar a la UE.