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François Hollande se encuentra con el mundo

PARIS - Cuando un periodista preguntó a François Hollande, recién electo como próximo presidente de Francia, qué idioma hablaría cuando se reuniera con el presidente estadounidense Barack Obama por primera vez, su respuesta fue reveladora. "Hablo inglés con más fluidez que el presidente saliente", insistió el dirigente socialista, aludiendo a Nicolas Sarkozy. "¡Pero un presidente francés debe hablar francés!"

Al proclamar su dominio de la lingua franca mundial, Hollande quiso mostrarse como un estadista moderno, al tiempo que sugería que Francia seguirá siendo tan influyente como sea posible en la escena internacional. De hecho, lo que hacía era proclamar su compromiso con el internacionalismo y el multilateralismo. Para seguir siendo un país con mayor influencia diplomática de la que correspondería a su tamaño, a Francia le conviene funcionar a través de organizaciones internacionales en lugar de depender de las relaciones bilaterales.

Hollande también es consciente de que, por razones históricas y culturales, el papel internacional de Francia debe ser diferente al de otros países. En su libro Changer de destin (Cambio de Destino), publicado en febrero, afirma que el mensaje de Francia seguirá siendo universal, postura que recuerda el nacimiento en 1789 de la República Francesa que, como Estados Unidos, fue concebida originalmente como el triunfo de la libertad y la democracia.

Sin embargo, a diferencia de Francia, la palabra "socialista" es una etiqueta incómoda para la mayoría de los estadounidenses. Esto podría ser una fuente de fortaleza para Hollande, que como nuevo líder sin experiencia en política exterior tendrá que demostrar su capacidad mediante la acción. Y aquí Obama en particular pronto comprenderá que Hollande no tiene ninguna intención de generar cambios radicales. Por el contrario, querrá aparecer como un socio fiable y del que se pueden esperar pocas sorpresas.