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Anticiparse al futuro

SAN FRANCISCO – El surgimiento de nuevas tecnologías es tan veloz que ya nos cuesta manejar su impacto en la sociedad. Los cambios tecnológicos afectan todos los aspectos de la vida, desde la naturaleza del trabajo hasta lo que significa ser humano, y pueden resultarnos abrumadores si no trabajamos juntos para comprenderlos y manejarlos.

Avances revolucionarios en inteligencia artificial, robótica, Internet de las Cosas, vehículos autónomos, impresión 3D, nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, almacenamiento de energía y computación cuántica están redefiniendo industrias enteras y creando de cero otras nuevas. En el Foro Económico Mundial a esta ola de innovación la bautizamos “Cuarta Revolución Industrial”, porque supone un cambio fundamental del modo en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos.

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Nuevas tecnologías como la máquina de vapor y la mecanización de la producción textil dieron inicio a la Primera Revolución Industrial, que fue acompañada por transformaciones sociopolíticas históricas como la urbanización, la educación universal y la agricultura mecanizada. Con la electrificación y la producción en masa, la Segunda Revolución Industrial introdujo modelos sociales y modos de trabajar totalmente nuevos. Y con la llegada de la tecnología digital y las telecomunicaciones instantáneas, la Tercera Revolución Industrial, que se desarrolló a lo largo de las últimas cinco décadas, conectó el planeta y redujo el tiempo y el espacio.

La Cuarta Revolución Industrial traerá transformaciones no menos importantes: si bien cada una de las tecnologías tendrá un impacto por separado, lo que más definirá nuestras vidas en el futuro serán los cambios en los sistemas sociales y económicos. En esta etapa, no hay un consenso en relación con temas tan básicos como la propiedad de los datos personales, la seguridad de las infraestructuras y los derechos y responsabilidades de las nuevas empresas disruptivas. Se necesita un marco conceptual que ayude a empresas, gobiernos y personas a anticiparse a los cambios radicales con base tecnológica que se avecinan en los modelos de negocios y en cuestiones éticas y sociales.

Para garantizar nuestra prosperidad futura, debemos preguntarnos si las nuevas tecnologías se diseñan con el objetivo de satisfacer necesidades sociales o si simplemente introducen cambios por el cambio mismo. Más en general, debemos pensar no sólo en el avance tecnológico y la productividad económica, sino también en el efecto de esas fuerzas sobre la gente, las comunidades y el medioambiente.

A la par que la Cuarta Revolución Industrial se desarrolla, cuatro principios deben guiarnos en la definición e implementación de políticas. Para empezar, debemos pensar en sistemas, no en tecnologías aisladas; sólo observando el modo en que interactúan fuerzas tecnológicas, sociales y económicas divergentes podremos determinar y predecir los cambios posibles en las empresas, la sociedad y la economía.

En segundo lugar, debemos oponernos a la muy extendida visión fatalista según la cual el progreso está predeterminado. Hay que educar y empoderar a comunidades e individuos para que dominen las tecnologías con fines productivos, en vez de ser dominados por ellas al servicio de fines ajenos. Si no controlamos las nuevas tecnologías en provecho propio, habremos entregado el poder de decisión personal y colectivo, y quedarán pocas razones para el optimismo.

En tercer lugar, debemos diseñar tecnologías y sistemas nuevos con visión de futuro, en vez de aceptar sin más los cambios según aparezcan. La integración de las tecnologías transformadoras en los sistemas sociales y económicos demandará una estrecha colaboración entre las partes interesadas, en el gobierno, la industria y la sociedad civil. De lo contrario, nuestro futuro se definirá por el devenir de las circunstancias en vez de nuestro juicio colectivo.

Por último, las consideraciones sociales y éticas no son una molestia que sea preciso superar o anular; nuestros valores compartidos deben ser el elemento central de todas las tecnologías nuevas. Si estas se usan en modos que agravan la pobreza, la discriminación o el deterioro medioambiental, entonces no están a la altura del futuro que queremos construir. Invertir en tecnologías nuevas sólo se justifica si contribuyen a un mundo más seguro e integrado.

Ninguna de las partes interesadas puede enfrentar por sí sola los desafíos sociales y económicos de la Cuarta Revolución Industrial. La comunidad empresarial, por su parte, debe crear un entorno en el que las tecnologías se desarrollen y apliquen en modo seguro, y sin perder de vista las consideraciones sociales.

Los gobiernos también deben participar activamente en la introducción de las innovaciones en la sociedad. Las autoridades deben colaborar estrechamente con los tecnólogos y emprendedores que impulsan la revolución, para no quedarse atrás. Y todos nosotros, como individuos, debemos estar informados, para comprender las nuevas cuestiones que surjan de la compleja interacción entre la tecnología y la sociedad, y responder a ellas.

La Cuarta Revolución Industrial traerá consigo cambios sistémicos que demandan un involucramiento colaborativo y nos obligan a pensar nuevos modos de trabajar juntos en las esferas pública y privada. El ritmo de los cambios no se detendrá, antes bien se acelerará, de modo que es preciso mantener la transparencia en beneficio de todas las partes interesadas, para que puedan sopesar los riesgos y las ganancias de cada nuevo avance.

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Vivimos en una era de complejidad, y el buen liderazgo demanda un cambio radical en nuestra visión del involucramiento colaborativo de cara al futuro. Si queremos evitar las distopías que la tecnología puede producir muy fácilmente, debemos imaginar juntos el futuro que queremos crear.

Traducción: Esteban Flamini