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abe10_TIZIANAFABIAFPGettyImages_shinzoabesmilingatcamera Tiziana Fabi/AFP/Getty Images

El G20 en Osaka

TOKIO – El 28 de junio, seré anfitrión de la cumbre 2019 del G20 en Osaka. Nuestra agenda estará centrada en tres grandes cuestiones, cada una de las cuales es particularmente importante para Asia.

El primer punto de la agenda tiene que ver con lo que en mi opinión es el desafío principal de nuestro tiempo: trabajar para mantener, y finalmente fortalecer, el orden internacional de comercio libre y justo. Para la dirigencia de Asia, esto implica la forja de la Asociación Económica Integral Regional (conocida por la sigla en inglés RCEP), un tratado avanzado de libre comercio entre los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y seis estados del Indopacífico (Australia, China, India, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda).

Las negociaciones para dicho tratado vienen desarrollándose desde hace algún tiempo; ya llegó el momento de hacer el último avance hacia la meta.

El segundo punto de la agenda tiene que ver con la economía digital. La digitalización de la economía permitió el surgimiento de nuevos modelos de negocios con características únicas, pero también generó nuevos desafíos (por ejemplo la doble no imposición tributaria de empresas multinacionales) que sólo podremos resolver mediante la cooperación internacional.

En su viaje instantáneo alrededor del mundo, los datos no reconocen fronteras nacionales. Creo que su impacto económico y social será comparable, e incluso superior, al papel que desempeñaron el petróleo y el motor de combustión interna en el siglo XX.

Por su misma naturaleza, los datos superan con facilidad los obstáculos físicos. Su conexión en red multiplica una y otra vez sus efectos y ventajas. Pero a la inversa, si cualquier parte se aísla del resto, las pérdidas resultantes se extienden a toda la red.

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Japón promueve un sistema de “flujo libre y fiable de datos”, una idea que busca facilitar el flujo de datos bajo normas en las que todos puedan confiar. Debemos elaborar reglas para que los beneficios de la economía digital se difundan por toda Asia y por todo el mundo. El proceso para ello es lo que llamamos “la ruta de Osaka”, que esperamos presentar en la próxima cumbre.

No hace falta decir que los puntos uno y dos (el comercio y los datos) son inseparables de la reforma de la Organización Mundial del Comercio. Ya pasó un cuarto de siglo desde la creación de la OMC. En ese tiempo, la economía mundial cambió a velocidad asombrosa. Pero la OMC no le siguió el ritmo, y los efectos adversos son cada vez más evidentes.

¿Qué hay que hacer para que la OMC vuelva a ser relevante como guardián del comercio internacional libre y justo?

Las grandes cadenas de suministro que han impulsado por muchos años la economía global tienen ahora su punto de apoyo en la región de la ASEAN, cuyas economías han sido beneficiadas por un entorno de libre movimiento de bienes y personas. Es precisamente esa libertad lo que explica el dinamismo y la creciente prosperidad de los países de la ASEAN.

El tercer tema de la cumbre de Osaka es la importancia de la innovación para la solución de los desafíos ambientales mundiales. Los objetivos delineados en el “informe de los 1,5 °C” del Grupo Intergubernamental de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático no se alcanzarán sólo con regulaciones; por el contrario, es imprescindible una innovación disruptiva que convierta lo negativo en positivo.

Tomemos por ejemplo el dióxido de carbono, que estos últimos años viene haciendo el papel del villano. ¡Qué maravilloso sería que el CO2 se convirtiera en un “recurso”, baratísimo y abundante! No hay duda de que algún día, tecnologías innovadoras como la fotosíntesis artificial harán realidad sueños como este. Es mi deseo que en Osaka el G20 confirme la importancia de la innovación. Y en octubre, Japón celebrará una cumbre sobre “innovación verde”, que reunirá bajo un mismo techo a importantes investigadores y a representantes de los círculos industriales y financieros de todo el mundo. Esperamos que sea una oportunidad de poner la sabiduría mundial al servicio de la creación de un futuro sostenible.

El 6 de marzo, recibí seis recomendaciones de los miembros de “Science20”, un grupo creado por las academias nacionales de ciencias de los países del G20. Para reducir las amenazas a los ecosistemas marinos y preservarlos, las dos recomendaciones finales piden el “establecimiento de un sistema mejorado de almacenamiento y gestión de datos que garantice el libre acceso a los científicos de todo el mundo” y la “puesta en común de información obtenida por medio de actividades de investigación realizadas en el contexto de una colaboración amplia y multinacional, para acelerar la comprensión integral de los océanos mundiales y de su dinámica”. Precisamente por eso debemos asegurar el flujo libre y fiable de datos y convertirlos en bienes públicos para los científicos de todo el mundo.

La cumbre del G20 en Osaka se produce en el albor de una nueva era en Japón: la era Reiwa (“hermosa armonía”). El 30 de abril, el mundo fue testigo de la abdicación de Su Majestad el Emperador Emérito Akihito (la primera de un emperador reinante en 202 años). Al día siguiente, subió al trono Su Majestad el Emperador Naruhito. Fue una ocasión de júbilo para los japoneses, y la generosidad de las expresiones de afecto que recibí de personas de todo el mundo superó lo imaginable.

Algunas de esas personas me comentaron que el sonido “rei” en Reiwa tiene para ellas una resonancia evocadora, ya que se pronuncia igual que la palabra inglesa ray, como en “un rayo de esperanza” o “un rayo de sol”.

“Es verdad”, me dije conforme asimilaba sus palabras; y pensé que ese matiz positivo del sonido es una síntesis perfecta. Son sentimientos que me recuerdan algo que vi en una visita a la ciudad de Okuma en la prefectura de Fukushima, sede de la central nuclear Fukushima Daiichi, donde se produjo el desastre ambiental de 2011.

El 10 de abril se canceló parcialmente una orden de evacuación total de la ciudad de Okuma que estuvo vigente por muchos años, y cuatro días después, el 14 de abril, se celebró una ceremonia, en la que participé, para la apertura del nuevo ayuntamiento municipal. Conocí allí a una joven llamada Aki Sato, que después del desastre se mudó de Tokio a Okuma para ver la situación en persona y buscar el modo de ayudar.

Poco después se casó con un lugareño, y ahora es una residente de Okuma. Me pidió que mirara la espalda de la cazadora roja que llevaba puesta. Allí, en bellos caracteres japoneses blancos, se leía esta frase: “Si tienes tiempo de volver la vista atrás, sigue adelante”.

Hoy todos los japoneses seguimos adelante dándonos unos a otros esas palabras de aliento.

Esa actitud positiva fue un modo de vida para las generaciones de japoneses de la posguerra que hicieron posible nuestro veloz crecimiento económico. Y en los años ochenta, ya se había difundido a toda la región de la ASEAN. Ahora es una forma de vida para Asia en general, es decir, para todo el Indopacífico. Y estoy firmemente convencido de que un Japón seguro de sí mismo es el Japón mejor preparado para contribuir a la creación del futuro de Asia.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/bjTTPmk/es;

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