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Por quién doblan las campanas en Siria

PARÍS – Con cada semana que pasa, el conflicto sirio se parece cada vez más a la Guerra Civil Española. Las imágenes de aviones de combate lanzando bombas sobre civiles y destruyendo ciudades han convertido a Alepo en una versión moderna de Guernica, la ciudad inmortalizada en la obra maestra de Picasso. Pero los parecidos reales entre los dos conflictos hay que buscarlos en el comportamiento de los principales actores de la comunidad internacional, que una vez más, se han puesto en bandos diferentes.

De un lado están Rusia e Irán, cínicamente determinados a respaldar al régimen del presidente Bashar Al Assad. Del otro, las democracias establecidas, vacilantes y ambivalentes en su apoyo a los rebeldes. Huelga decir que en España, en 1930, la Alemania nazi y la Italia fascista dieron pleno apoyo a la rebelión comandada por el general Francisco Franco, mientras que las democracias ofrecieron (a regañadientes) su escasa ayuda a la República Española.

Pero las semejanzas no acaban allí. En aquella época, muchos sostenían que apoyar a los republicanos españoles implicaba ayudar a los (mucho más peligrosos) anarquistas y comunistas, en tiempos de creciente amenaza soviética sobre Europa. En este sentido, los “rojos” de ayer se han convertido en los “musulmanes fundamentalistas” de hoy.

De hecho, muchos piensan que ayudar a los rebeldes sirios es demasiado arriesgado, que incluso puede poner en peligro a las minorías cristianas de Oriente Próximo y que, por más detestable que sea el régimen sirio, la elección es entre una esperanza hipotética de democracia en el mundo islámico y la posibilidad de riesgo real para las vidas de los cristianos de la región, de modo que, lamentablemente, no queda otra opción que el statu quo.