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Por Turquía, por Europa

Finalmente Turquía está negociando con la Comisión Europea los términos de su posible adhesión a la Unión Europea. Pero que "posible" se convierta en "futura" sigue siendo una pregunta muy abierta. En efecto, es probable que cerrar las negociaciones resulte tan difícil como la decisión de iniciarlas.

Recordemos que Turquía presentó su primera solicitud de adhesión en 1959, y que desde 1963 la Comunidad Económica Europea, precursora de la actual UE, respondió con una táctica dilatoria: pidieron un acuerdo aduanal. Al mismo tiempo, puesto que nunca se le contestó que no –y después de recibir varias señales que indicaban que tal vez algún día llegaría a ser miembro—las expectativas turcas en cuanto a una futura integración a la UE se hicieron cada vez más palpables.

Pero los europeos comunes y corrientes han empezado a consultar los mapas, y la geografía que ven no se puede negar: el 95% del territorio de Turquía y el 80% de su población están en Asia. Como resultado, el debate intenso y encendido –en Turquía y con mucho más fuerza en la UE—sobre si ese país pertenece realmente a Europa ha seguido, a pesar de que las negociaciones ya hayan comenzado.

Por supuesto, la pregunta de la identidad europea de Turquía no se puede contestar con lecciones de geografía. Al menos la mitad de la producción teatral y filosófica griega proviene de Asia Menor. Los primeros viajes de evangelización de San Pedro y San Pablo fueron a Turquía. Posteriormente, la Turquía otomana fue considerada durante siglos como parte del "concierto europeo", y fue indispensable para definir y garantizar el equilibrio estratégico entre las grandes potencias del continente europeo.