Paul Lachine

Reflexiones sobre los cultivos genéticamente modificados

COPENHAGUE – Mientras el mundo sigue debatiendo las repercusiones del cambio climático, al tiempo que intenta conseguir un nuevo tratado mundial para prevenirlo, Kenya ha padecido una sequía prolongada, seguida de grandes inundaciones. Las plantas de maíz se han marchitado, lo que ha afectado gravemente a las familias rurales pobres. Se está pasando hambre y muchos de los que sobreviven están gravemente malnutridos.

Hay esperanza: el año próximo, las autoridades keniatas empezarán a hacer pruebas con variedades de maíz que, según esperan, darán grandes cosechas y resultarán más resistentes a la sequía, pero, ¿por qué los agricultores de Kenya y otros países africanos no tuvieron acceso a variedades de cultivos resistentes a la sequía antes de que les cayera encima la catástrofe?

Una razón es la de que esos cultivos dependen de instrumentos de investigación utilizados en biología molecular, incluida la ingeniería genética. Se ha dicho a los gobiernos africanos que la ingeniería genética es peligrosa y muchos europeos y sus gobiernos nacionales  –además de ONG transnacionales, como, por ejemplo, Greenpeace– decidieron mantenerse alejados de ellos.

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