1

Ayudar todos juntos a los refugiados

LONDRES – Es probable que este año sea el más determinante para la protección de los migrantes y los refugiados desde la firma de la Convención de Ginebra en 1951. Dependiendo de las opciones que tomemos, ayudaremos a crear sociedades más abiertas que se basen en una mayor cooperación internacional, o seremos cómplices de los gobiernos autoritarios y sus agendas nacionalistas. Por eso debemos abordar este tema con una urgencia y seriedad excepcionales.

Las crisis de refugiados y migrantes en el Mediterráneo, Asia, África y Centroamérica han generado altísimos niveles de sufrimiento humano. Apenas se puede exagerar su significado, ya que el fracaso de nuestras iniciativas de ayuda a los más vulnerables refleja una extraordinaria descomposición moral en la comunidad internacional.

Corremos el riesgo de perder el consenso colectivo al que hemos llegado sobre la importancia del sistema multilateral y la cooperación internacional. Cuando rechazamos ayudar a quienes sufren persecución, no solo hacemos que sus vidas peligren, sino que subvertimos los principios sobre los que se sustentan nuestras propias libertades.

El año pasado tuvimos literalmente un millón de recordatorios de que el sistema de protección a refugiados no está funcionando. Cada persona que atravesaba valientemente el Mediterráneo en búsqueda de asilo nos decía con su gesto que algo no anda bien en los países de primer asilo.