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Cinco imperativos para el G-20

NUEVA YORK – Las economías del mundo se están volviendo más interdependientes que nunca, pero el nacionalismo económico, el proteccionismo y las actitudes de pauperización del vecino están amenazando los vínculos de confianza y cooperación que requiere una economía en verdad mundializada.

Para prevenir otra recensión o algo peor, los dirigentes de las veinte naciones más ricas deben adoptar medidas enérgicas en la cumbre semestral del G-20 que se celebrará en Seúl para aplicar un programa amplio en pro de un crecimiento mundial más equilibrado, equitativo y sostenible y supervisar su ejecución estricta.

Cinco principios deben guiarlos. En primer lugar, aunque se deben abordar las diferencias de política comercial y económica, se debe combatir activamente el egoísmo de estrechas miras. Se debe poner freno a los superávit excesivos de algunos países y la deuda excesiva de otros, alimentados por divisas infravaloradas y gastos estatales desbocados, respectivamente. Los países deben comprometerse a no retirar las exportaciones de recursos naturales decisivos por razones políticas y a hacer todo lo posible para mantener y fomentar mercados abiertos basados en los principios de reciprocidad y sostenibilidad a largo plazo.

Para ello, todos los copartícipes más importantes deben seguir comprometidos con el libre comercio en el marco de un sistema mundial justo y equitativo y deben comunicar dicho compromiso respetuosa, enérgica y repetidamente a sus públicos. En particular, los Estados Unidos y China, como las dos potencias comerciales mundiales más importantes que son, deben combatir las tendencias internas a poner obstáculos ocultos o adoptar inapropiadas medidas de represalia encaminadas a aplacar a la opinión pública interna. Todas las economías deben abordar las dislocaciones internas que pueden acompañar la liberación de los mercados.