0

Bombardear al mensajero en Armenia

Al final del mes pasado, mientras dábamos los últimos toques a la próxima edición de nuestro periódico, Haykakan Zhamanak (“Los tiempos armenios”), oímos una explosión fuera de nuestra oficina. Algunos miembros del personal corrieron y encontraron mi coche en llamas.

La explosión no fue imprevista... como tampoco el anuncio de la policía armenia de que el coche se había incendiado por problemas técnicos, pero el problema real es la censura, pues la explosión no fue sino la última ofensiva de la guerra oculta de Armenia contra la prensa.

Para nosotros, la batalla por la libertad de prensa comenzó en 1999, poco después de fundar nuestro periódico, entonces llamado Oragir (“Diario”). Tuvo una repercusión instantánea, pero no del modo que esperábamos nosotros. A lo largo de 1999 hubo más causas judiciales contra Oragir que contra todos los demás medios de comunicación armenios juntos desde la independencia en 1991.

En una causa, la fiscalía formuló acusaciones penales contra mí como redactor jefe: se me acusó de calumniar a una figura política armenia y de insultar a un funcionario estatal. A consecuencia de ello, el tribunal me condenó a un ańo de cárcel.