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El daño de la discordia regulatoria

LONDRES – En la sopa de letras de las instituciones involucradas en la regulación de los mercados financieros globales, el FMLC -el Comité de Legislación para los Mercados Financieros- no es muy prominente. Considerando que sólo tiene sede en Londres, al haber nacido de una iniciativa del Banco de Inglaterra hace 20 años, y que la mayor parte de sus miembros son abogados, la mayoría de los bancos ni siquiera han oído hablar de él (aunque algunos de ellos están representados en su Consejo). Pero los servicios ofrecidos por el FMLC nunca han sido más necesarios.

La misión del FMLC consiste en identificar y proponer soluciones para cuestiones de incertidumbre legal en los mercados financieros que podrían crear riesgos en el futuro. Como demostró un documento reciente del FMLC, la ola de nuevas regulaciones implementadas desde la crisis financiera global -muchas de las cuales estuvieron mal planeadas o fueron inconsistentes en los diferentes países- ha dado lugar a un panorama embrollado de incertidumbres legales.

Consideremos los requerimientos de capital de los bancos. El Acuerdo de Basilea III, cuya aceptación aumentó la liquidez de todos los bancos y disminuyó su apalancamiento, es visto como un patrón firme en algunas partes del mundo. Pero, en otras, se lo considera como un estándar mínimo al que pueden sumarse reglas adicionales. Esa "súper-equivalencia" o, más coloquialmente, "enchapado en oro" crea inconsistencias en las diferentes jurisdicciones, facilitando con ello el arbitraje regulatorio.

Del mismo modo, la Unión Europea, a diferencia de Estados Unidos, considera el ratio de apalancamiento como un extra opcional de supervisión, conocido como un "pilar 2" (que permite a los supervisores agregar fondos de capital adicionales para encarar los riesgos idiosincráticos de un banco en particular). Y si bien tanto Estados Unidos como la UE prohíben las operaciones bursátiles por cuenta propia, cada uno las define de manera diferente.