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Un sistema financiero más favorable al clima

BEIJING/FRANKFURT – La conferencia sobre el clima que se desarrolla en Katowice (Polonia) ha sido presentada como la más importante desde la cumbre de 2015, de la que salió el acuerdo de París. En un contexto de inédita inquietud pública por la amenaza que plantea el cambio climático (a la que contribuyeron un alarmante informe reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –IPCC por la sigla en inglés– y una sucesión de desastres naturales devastadores en todo el mundo) los negociadores están tratando de crear un conjunto de reglas para el cumplimiento de los compromisos de París. Pero como en tantas cosas, el éxito dependerá de la financiación.

Las economías avanzadas han hecho importantes compromisos financieros en las negociaciones previas sobre el clima, pero no es seguro que cumplan sus promesas, comenzando por la de llegar en 2020 a la provisión de 100 000 millones de dólares al año a los países en desarrollo. Según la Comisión Permanente sobre Finanzas (SCF) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en 2016 el flujo de financiación pública de los países desarrollados a los países en desarrollo para programas de mitigación y adaptación en relación con el cambio climático ascendió a 57 000 millones de dólares. Si se tiene en cuenta la financiación privada movilizada por el apoyo público, en 2016 los flujos financieros superaron los 70 000 millones de dólares.

Pero esto es una pequeña fracción de los 2,4 billones de dólares que el mundo necesita invertir en fuentes de energía limpias cada año desde ahora hasta 2035 para evitar una suba de temperaturas globales superior a 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales, según cálculos del IPCC. El progreso de las conversaciones sobre el clima en esta coyuntura crítica dependerá en gran medida de que los países ricos cumplan los compromisos de financiar el combate al cambio climático asumidos en las negociaciones anteriores y del grado de flexibilidad de los países en desarrollo en relación con la medición de los flujos financieros. Pero lo más importante es incorporar el riesgo climático y la sostenibilidad a largo plazo dentro del sistema financiero internacional, lo que incluye a bancos, inversores, gestores, aseguradoras y a los mercados de capitales que facilitan las transacciones de los actores financieros.

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