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En contra de las excepciones francesas

La atención de Europa hoy en día está centrada, con razón, en la ampliación y en la constitución que los miembros de la UE están diseñando. Pero el resultado de varias escaramuzas galas con la Comisión Europea no serán menos importantes para determinar el destino de la nueva y ampliada Europa.

Francia ha decidido ignorar, de manera unilateral, el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento, al incurrir en un déficit previsto bastante por encima del límite del 3% del PIB. A los franceses les gusta proclamar el rigor racional de su pensamiento, pero en lo que se refiere a déficits, Descartes cede su lugar a la ofuscación.

Francia estuvo entre los críticos principales de Irlanda cuando, en 2000, el gobierno irlandés redujo su superávit presupuestal, que en ese entonces era del 4% del PIB, en apenas un 0.5%. Otros países han violado el Pacto de Estabilidad, pero Francia es el primero que lo hace con una actitud abierta de desafío presuntuoso .

Nada de lo anterior debería sorpender a nadie. Francia simplemente está aplicando a las reglas de la UE su hábito innato de considerar a su propia cultura como excepcional. Por ejemplo, Francia consistentemente veta las reformas a la Política Agrícola Común de la UE. Como lo saben incluso los niños, la PAC es un hermoso y completamente inmerecido regalo para los agricultores europeos ricos (paricularmente los franceses) a expensas de los atribulados campesinos de los países en desarrollo y de los consumidores de la UE.