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Quitar importancia a 4.300 millones de dólares

LONDRES – En el pasado mes de noviembre, la Autoridad de Conducta Financiera (ACF) del Reino Unido anunció una resolución por la que seis bancos serían sancionados con un total de 4.300 millones de dólares por haber manipulado el mercado de divisas y, sin embargo, los precios de las acciones apenas reaccionaron. ¿Por qué?

Las infames usos y fallos de gestión descubiertos durante una investigación que duró un año y de resultas de la cual se impusieron las sanciones fueron escandalosos. Unos intercambios entre operadores venales, por correo electrónico y charlas electrónicas, propios de semianalfabetos revelaron conspiraciones desvergonzadas para amañar el tipo de cambio “fijo” vespertino a fin de obtener provecho y ganancias personales. Algunos altos cargos se mostraron tan despreocupados, que permitieron a sus empleados actuar como niños vulgares remunerados con salarios excesivos. Con apodos como “los tres mosqueteros” y “el equipo A”, hicieron lo que les apetecía, con un costo enorme para sus entidades.

Pero, pese a la enorme sanción de la ACF, no se obligó a ningún alto cargo a hacerse el harakiri y los inversores apenas hicieron otra cosa que encogerse de hombros. Naturalmente, se debió en parte a que se sabía que la resolución estaba próxima; sólo los detalles de los delitos y la magnitud de las sanciones fueron noticia.

Sin embargo, la razón más importante es la de que, si se comparan con las sanciones totales y los costos judiciales que hubieron de pagar los más importantes bancos en los cinco últimos años, incluso 4.300 millones de dólares son simple calderilla. Los analistas de Morgan Stanley calculan que los 22 bancos más importantes de los Estados Unidos y de Europa se han visto obligados a pagar 230.000 millones de dólares desde 2009: más de 50 veces el costo de la resolución de la ACF. Eso es más que las cuantiosas pérdidas que los bancos sufrieron a consecuencia de préstamos incobrables e ingeniería financiera  excesivamente ambiciosa.