farmer famine ALBERT GONZALEZ FARRAN/AFP/Getty Images

Cuando los trabajadores agrícolas pasan a tener hambre

GINEBRA – La comida es un narrador poderoso. Nuestra dieta indica si cocinamos en casa, si compramos localmente, si preferimos platos económicos o inclusive si pensamos en lo que comemos. Pero la parte de la hora de comer vinculada al consumo es sólo una de las muchas líneas argumentales de la comida. Los alimentos también tienen trasfondos, y ninguno más desagradable que éste: los trabajadores agrícolas –la gente que hace posible la cena- también son los más proclives a irse a dormir con hambre.

Todos los días, unos 1.100 millones de personas –un tercio de la fuerza laboral global- va a trabajar a las granjas del mundo. Y, todas las noches, muchas de ellas regresan a casa –después de sufrir innumerables violaciones a sus derechos humanos- sin el dinero suficiente como para comer y alimentar a sus familias.

El trabajo agrícola es una de las únicas profesiones en las cuales las protecciones legales nacionales suelen ignorarse. Los estándares de salario mínimo aprobados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y adoptados por muchas industrias en todo el mundo, siguen sin implementarse en el sector agrícola, o no se aplican a los trabajadores agrícolas informales. Pero, como la mano de obra migrante conforma el grueso de la fuerza laboral agrícola, esta brecha en la cobertura se ha vuelto un cañón.

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