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Adiós a los shoguns en la sombra

TOKIO – Es un déjà vu de nuevo en el Japón. Pese a que su Partido Democrático del Japón (PDJ) obtuvo una victoria electoral abrumadora en el pasado mes de septiembre, el Primer Ministro japonés, Yukio Hatoyama, dimitió tan sólo 262 días después de asumir el cargo. Desgraciadamente, cambios abruptos de primer ministro son un acontecimiento prácticamente anual en el Japón actual, pues la dimisión de Hatoyama constituye la cuarta transmisión repentina del poder a un nuevo dirigente en los cuatro últimos años.

Estando en la oposición, el PDJ despotricó contra el Partido Liberal Democrático (PLD) por cambiar un dirigente tras otro. Como el PDJ está ahora haciendo lo mismo, el público japonés está asombrado y  empieza a preguntarse si hay algo podrido en su sistema político.

La ineptitud con la que Hatoyama abordó las decisivas cuestiones de la seguridad nacional influyó poderosamente en su perdición. Al optar –después de vacilar durante meses– por cumplir un acuerdo con los Estados Unidos para garantizar el futuro de la Base Aérea de Futenma, en Okinawa, se enajenó a los aliados del Partido Democrático Social (PDS). Después de haber prometido cerrar la base en la campaña y haber presionado para su desmantelamiento cuando ya ocupaba su cargo, el cambio de actitud de Hatoyama obligó a los socialistas a abandonar la coalición. El PSD había prometido que la base abandonaría el Japón.

Hatoyama no sólo perdió un socio decisivo de la coalición, sino que, además, el hombre que lo colocó en el cargo se ha visto obligado también a marcharse. El Secretario General del PDJ, Ichiro Ozawa, el hombre fuerte del partido en la sombra, dimitió de su cargo al mismo tiempo que Hatoyama. La aspiración de Ozawa a hacer de la próxima elección la gran final de su carrera política cimentando el PDJ como partido de gobierno parece ahora en peligro.