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La responsabilidad de proteger a los migrantes

CORK – Los migrantes se enfrentan a infinidad de peligros: mafias despiadadas que los pasan de contrabando por las fronteras con un completo desprecio por sus vidas; reclutadores rapaces que los despojan de sus ganancias; empleadores abusivos que explotan su trabajo; y para colmo de males, la xenofobia, que debilita la voluntad política de hacer frente a estos problemas.

Pero abundan ejemplos de prácticas ingeniosas tendientes a proteger el bienestar y los derechos de los migrantes, que se deberían difundir e implementar con más frecuencia. Ahora que las migraciones internacionales van camino casi de duplicarse en las décadas venideras, estas prácticas deben convertirse en modelos de acción.

El sufrimiento de los migrantes es particularmente trágico cuando se origina en el conflicto violento (como es el caso de Siria y Libia) o en desastres naturales o creados por el hombre. En estas crisis, los migrantes ven sus vidas y su seguridad física amenazadas, sin que medie culpa alguna de su parte. Pero el mundo carece de pautas claras para su protección en estos casos.

La guerra civil en Libia dejó a cientos de miles de migrantes atrapados en medio del fuego cruzado, dejando de manifiesto su vulnerabilidad. Y aunque la guerra afectó sobremanera a los propios libios, la vulnerabilidad de los trabajadores extranjeros fue incluso mayor, ya que en la mayoría de los casos los esquemas para la protección de la población civil los dejaron de lado. Se manifestaron entonces los muy diferentes destinos a los que se enfrentan los migrantes. La mayoría tuvo que ingeniárselas para escapar de la violencia por sus propios medios, y muchos perdieron la vida en el intento. A algunos se los confundió con mercenarios (más que nada, por el color de la piel) y murieron asesinados.