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La fantasía gana-gana de la democracia liberal

WASHINGTON, DC – Pocos analistas esperaban que los británicos votaran a favor de salir de la Unión Europea o los estadounidenses eligieran a Donald Trump como su próximo presidente. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que surja una explicación de consenso para justificar estos errores de cálculo. Sin embargo, cuando se trata de sucesos tan complejos, y con tantas consecuencias, deberíamos estar muy atentos para no caer en razonamientos simplistas.

El consenso actual culpa a las “élites” – aquellas en la academia, los medios de comunicación y las empresas – por haberse hecho atrapar tan fuertemente por su mundo relativamente cosmopolita y conectado que no llegaron a escuchar atentamente a los grupos menos educados y conectados. Ya que estos mencionados grupos son los que menos se han beneficiado de la globalización, fueron ellos los más propensos a rechazar a las instituciones supranacionales (en el caso de Brexit) o ​​a los candidatos de la corriente política tradicional (en el caso de Trump). Ignorar a estos grupos fue, en muchos sentidos, un error patente.

Hay una considerable cantidad de apreciables razones para justificar este punto de vista. El “pensamiento grupal” afecta habitualmente a la élite financiera e intelectual de hoy en día, incluyendo a los encuestadores, quienes a menudo tienen formaciones académicas similares, trabajan juntos, leen los mismos medios de comunicación, y se reúnen en las mismas conferencias y eventos, celebrados en lugares que se extienden desde Davos a Aspen.

Los miembros de este grupo tienden a creer que absorbieron las grandes lecciones de la historia. Tienden a desacreditar al racismo e incluso a las formas más leves de etnocentrismo, y es poco probable que rechacen el feminismo. Aunque estos grupos no son parangones de la diversidad, hay un reconocimiento generalizado del valor de la diversidad, y del hecho que el predominio de los hombres, como mínimo, está comenzando a declinar.