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Ante la amenaza deflacionaria

Muchos directores de bancos centrales son como el típico general que se prepara para la última guerra. Sin embargo, a diferencia de las estrategias militares que miran hacia atrás, una política monetaria deficiente produce inevitablemente daños, y no solamente riesgos preocupantes.

A pesar de haber conquistado la inflación, los encargados de los bancos centrales siguen luchando contra ella, y como resultado podrían no estar preparados para enfrentarse a la última amenaza económica: la deflación global. La caída de los precios ha paralizado a la economía japonesa durante una década. En China y Hong Kong, los precios también se han desplomado recientemente. Mientras las naciones má ricas del mundo se reúnen para la fiesta anual del G-7, sus líderes deberían de preguntarse si los EU y Europa estarán ante un destino similar.

Con políticas sólidas, no debería ser difícil controlar la deflación. Algunos sostienen que los rápidos aumentos en la productividad derivados de las nuevas tecnologías, la mayor competencia que la globalización ha generado y el aumento en el comercio electrónico basado en internet han creado un mundo en el que las empresas tienen que reducir los precios continuamente. No obstante, esta forma de pensar se basa en una falacia. Es claro que lo que determina los precios relativos que los distintos bienes y servicios deben tener (y que finalmente tienen, sin importar las políticas monetarias) son fuerzas económicas ajenas a la política monetaria de un país. Esas fuerzas no determinan el precio absoluto (en dólares, por ejemplo) de ningún bien.

El precio absoluto de cualquier bien está determinado por la política monetaria, de manera independiente en gran medida de la estructura de los precios relativos. La única excepción se da cuando la política monetaria se conduce de forma que se centra en los precios de ciertos bienes y no en la estabilización de un índice de precios amplio.