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Vivir con el populismo

MADRID – “Debemos educar a nuestros maestros", señaló el estadista inglés Robert Lowe tras la aprobación de la Segunda Ley de Reforma de 1867, que añadió más de un millón de votantes al Registro Parlamentario. Para él, un electorado educado era el mejor modo de asegurar una gobernanza participativa en Gran Bretaña.

150 años después, parece ser que los educados “maestros” de la democracia liberal han aprendido poco. Cabe suponer que a Lowe no le impresionarían las tendencias populistas actuales.

Como demuestra el referéndum del Brexit del Reino Unido y la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, prejuicios y falsas promesas confunden con facilidad a los votantes. El pensamiento crítico se descarta cada vez como elitista, mientras que las redes sociales sin instancias de rendición de cuentas, las "noticias falsas" y los "hechos alternativos" dominan la discusión pública. En un ambiente de ignorancia, los políticos populistas hacen presa voluntaria de aquellos que se sienten ignorados.

Pero debido a que esos políticos son tan atractivos para muchos, deben ser examinados, en un nivel no menor que sus votantes fácilmente influenciables. La cuestión es si es posible reformular también, para salvarla, una marca de política que amenaza a la democracia liberal.