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La expansión es solidaridad

En la actualidad se afirma con frecuencia que la ampliación de la Unión Europea con la adhesión de los países de la Europea central y oriental ha puesto en peligro -si no ha destruido totalmente- su sentido de la solidaridad. Cuando Bulgaria y Rumania se acercan a la adhesión y está previsto que se inicien las conversaciones sobre la adhesión de Turquía y Croacia, resulta cada vez más importante rebatir esa opinión.

Los valores y los intereses de los más recientes Estados miembros de la UE coinciden en la mayoría de los sentidos con los de los 15 Estados miembros anteriores. Naturalmente, es cierto que la ampliación ha entrañado un cambio fundamental en la Unión y ha creado nuevos problemas y preocupaciones en materia de políticas. Pero los nuevos Estados miembros de la Europa central y oriental están profundamente insertos en el desarrollo económico, social y cultural de nuestro continente. Los lazos que nos unen fueron desgastados por cuarenta años de dominación soviética, pero no por ello perdieron dichos Estados su fundamental carácter europeo.

Mi país, Polonia, siempre ha tenido profundas vinculaciones culturales con otros países europeos, en particular Francia. Participamos en todos los acontecimientos más importantes en materia de música, literatura y cine europeos (piénsese en las películas de Andrzej Wajda de la época de Solidaridad, como, por ejemplo, “Dantón”, que fueron coproducciones francopolacas).

Incluso en el deporte, los europeos orientales llevan mucho tiempo integrados con el resto de Europa. De hecho, antes de la primera guerra mundial el equipo nacional alemán de fútbol estaba compuesto totalmente por jugadores con nombres polacos. Pero, sobre todo, existe el profundo convencimiento entre los polacos, los húngaros y los checos y otros de que son europeos. Ése es el significado mismo de la palabra “solidaridad”, tal como la define el Diccionario de Oxford: “Unidad resultante de sentimientos y simpatías”.