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Los últimos fantasmas de los Balcanes

En las próximas semanas se resolverán, de una forma u otra, las últimas cuestiones territoriales pendientes en los Balcanes, donde las guerras de la década de los 1990 terminaron con las intervenciones de la OTAN en Bosnia (1995) y Kosovo (1999).

A pesar de la paz, varios problemas importantes quedaron sin solución. Bosnia se dividió en una federación croata-musulmana y una república serbia cuyo gobierno central carecía de autoridad y que requirió de una presencia internacional (y posteriormente civil) significativa para permanecer unida. Kosovo quedó como protectorado de las Naciones Unidas con una “situación definitiva” incierta.

Esas cuestiones sin resolver vuelven ahora: incitados por el gobierno de Serbia, los líderes serbios de Bosnia están considerando la secesión, mientras que los líderes musulmanes buscan aumentar el control central. Y la población albana de Kosovo está exigiendo la independencia, mientras que Serbia trata de posponer una decisión bloqueando medidas en el Consejo de Seguridad.

Existe un riesgo real de que se repita la violencia, aunque tal vez no a la misma escala que en los 1990. Si las negociaciones en curso sobre la situación de Kosovo fracasan, los extremistas albanos tratarán de expulsar a los más de 100,000 serbios que viven ahí. Igualmente, cualquier intento secesionista de la República serbia de Bosnia podría generar inestabilidad en ese lugar.