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La peligrosa política del euro

SANTIAGO – El jurado aún no decide si Grecia logrará evitar el default, permanecer en la eurozona y revertir la brutal contracción de su economía. Pero cualquier jurado justo ya se hubiera pronunciado sobre las consecuencias políticas de la moneda común: un fracaso total.

Por supuesto, la justificación del euro siempre fue de índole política y se dio en dos variedades: la burda y la elevada.

La justificación burda, rara vez discutida en forma directa por gente de buenos modales, era que los países de Europa meridional gastaban demasiado e imponían una carga tributaria muy baja, por lo que se endeudaban en exceso. Mientras pudieran financiar sus déficits emitiendo moneda y devaluándola de vez en cuando, no dejarían de ser imprudentes. Sólo la camisa de fuerza del euro y una política monetaria dirigida desde Frankfurt podrían hacerlos entrar en vereda.

Ésa era la teoría. En la práctica, el resultado fue exactamente lo opuesto. Tras que desapareciera el peligro de la devaluación, los diferenciales de las tasas de interés se desmoronaron, y con ellos el costo de los créditos. Los países europeos de menores ingresos se inundaron de dinero barato proveniente del exterior. En algunos - Grecia, Italia, Portugal - este dinero financió un gasto público insostenible. En otros - España e Irlanda - financió las ilusiones extravagantes de ciertas empresas inmobiliarias privadas. Las deudas se dispararon por doquier.