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El dilema del desapalancamiento de la Europa emergente

LONDRES – Tigar Corporation de Serbia, un fabricante privatizado de neumáticos y cámaras para automóviles, fue un ícono de las transformaciones corporativas en las economías en transición. Luego entró en funcionamiento el desapalancamiento de la eurozona y ahora el niño modelo está en serios problemas.

Cuando Tigar vendió su división de neumáticos a la francesa Michelin, invirtió todo el rédito de la operación en nuevos negocios. Tal vez los gastos de capital fueron excesivamente ambiciosos, pero dieron lugar a un rápido crecimiento de las exportaciones y se crearon más de 2.000 puestos de trabajo en la pequeña ciudad de Pirot para fabricar botas para los pescadores europeos y los bomberos de la ciudad de Nueva York, así como productos de caucho técnicos. La expansión, a falta de otras opciones, estuvo financiada en gran medida a través de préstamos de corto plazo.

Muchos bancos en Serbia y otros países en transición en Europa dependen sustancialmente del financiamiento de sus casas matrices en la eurozona. Pero, desde el estallido de la crisis financiera global, las filiales de los bancos de la eurozona con sede en la Europa emergente han reducido su exposición en la región. En 2009-2010, la Iniciativa de Coordinación Bancaria Europea -conocida informalmente como la "Iniciativa de Viena"- permitió que se evitara una crisis sistémica en la Europa en desarrollo al impedir que las casas matrices de los bancos de propiedad extranjera emprendieran una salida en una estampida catastrófica.

Sin embargo, en la segunda mitad de 2011, las casas matrices de los bancos de la eurozona que dominan el sector bancario en la Europa emergente volvieron a recibir una renovada presión para aplicar un desapalancamiento. Muchos hoy están cambiando radicalmente sus modelos de negocios para reducir el riesgo.