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El descaro de la zona del euro y el FMI

LONDRES – Las autoridades y los políticos de la zona del euro no abrigan dudas: han hecho lo que debían para apoyar a los miembros de la unión monetaria que tienen problemas aumentando el tamaño de su fondo de rescate, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE). Ahora es el momento de que el resto del mundo –es decir, el Fondo Monetario Internacional– se ofrezca a poner fondos suplementarios en la mesa y los ministros europeos de Hacienda así lo están proponiendo en las reuniones del FMI y del Banco Mundial en Washington.

Dicho de otro modo, los funcionarios europeos dan por sentado que el FMI debe apoyar a la zona del euro, como si el resto del mundo estuviera obligado a hacerlo. En realidad, aun cuando los gobiernos de la zona del euro pudieran acordar un aumento mucho mayor del tamaño del FMI, hay razones poderosas para que éste se abstenga de ofrecer apoyo suplementario alguno.

Los dirigentes de Europa no acaban de decidirse sobre si la zona del euro es una federación semejante a los Estados Unidos o un grupo de Estados independientes. Con frecuencia comparan la zona del euro favorablemente con otros países desarrollados.

Sostienen que los miembros de la zona del euro en conjunto tienen un déficit presupuestario inferior a los de los EE.UU. y del Reino Unido y un nivel de deuda pública similar. Como la zona del euro en conjunto cuenta, a diferencia de los EE.UU. y del Reino Unido, con un superávit por cuenta corriente (vive, como gustan de decir las autoridades, “con los medios de que dispone”), expresan un considerable orgullo por el papel en aumento que desempeña el euro como moneda internacional de reserva y deciden hacer lo que haga falta para defender la integridad de su unión monetaria.