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Europeizar Europa

BERLÍN - La eurozona se encuentra en el vórtice de la crisis financiera global, porque solo allí, en el ámbito de la segunda moneda más importante después del dólar, la crisis golpeó una "estructura" débil en lugar de un estado con poder real. Una estructura que está dilapidando la confianza de los ciudadanos y los mercados en su capacidad de resolver conflictos, al tiempo que empuja el sistema financiero internacional al borde del desastre.

En otras palabras, la crisis financiera actual refleja una crisis política de la eurozona que pone en cuestión la existencia misma del proyecto europeo. Si fracasa la unión monetaria europea, no quedará mucho del mercado común ni de las instituciones y tratados europeos. Tendríamos que tirar por la borda seis décadas de exitosa integración europea, con consecuencias desconocidas.

Este fracaso coincidiría con el surgimiento de un nuevo orden mundial y el fin de dos siglos de predominio occidental. El poder y la riqueza se están desplazando al Este de Asia y otros países emergentes, mientras que Estados Unidos estará ocupado con sus propios problemas y cambiando su foco de atención desde el Atlántico hacia el Pacífico. Si los europeos no abordan sus intereses ahora, nadie lo hará por ellos. Si hoy Europa no se convierte en agente de su propio destino, se convertirá en objeto de nuevas potencias mundiales.

La causa de la crisis europea no son tres décadas de neoliberalismo. Tampoco es el resultado del colapso de una burbuja de activos alimentada por la especulación, la violación de los criterios del Tratado de Maastricht, la enorme deuda o los bancos codiciosos. Con todo lo importantes que son estos factores, el problema de Europa no es lo que sucedió, sino lo que no se hizo: la creación de un gobierno europeo común.