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La visión ártica de la UE

BRUSELAS – El Ártico está cambiando rápidamente debido al impacto del calentamiento global, la creciente competencia por sus recursos y las rivalidades geopolíticas. De cara al futuro de la región, la Unión Europea tiene intereses que defender e importantes contribuciones que hacer. Tenemos la intención de intensificar nuestra intervención en el Ártico en materia de acción por el clima, cooperación internacional, y desarrollo económico sostenible, anteponiendo siempre a las personas.

El Pacto Verde Europeo convertirá a Europa en el primer continente climáticamente neutro en 2050.  Es más, nuestro compromiso legalmente vinculante de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55 % de aquí a 2030 constituye una referencia mundial. El Pacto Verde y el nuevo proyecto de la UE de fomentar una economía azul sostenible constituyen el elemento central de la estrategia de la Unión para el Ártico. Entre nuestras principales propuestas figuran la intención de que el petróleo, el gas y el carbón permanezcan en el suelo, también en las regiones árticas, así como el establecimiento de una presencia permanente de la UE en Groenlandia.

Se trata de una tarea urgente. El cambio climático nos preocupa a todos, pero está ocurriendo dos veces más rápido en el Ártico que en cualquier otro lugar. En algunos de los tramos costeros de la región, pronto ya no habrá hielo en verano y, más adelante, tampoco en invierno. El deshielo y la descongelación del gelisuelo liberan grandes cantidades de metano, acelerando aún más el calentamiento global, mientras que la subida del nivel del mar amenaza de forma creciente a las comunidades costeras de todo el mundo. El informe de agosto de 2021 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas resalta que la causa de estas alteraciones son las actividades humanas.

La reversión del hielo ártico ya está abriendo rutas marítimas y facilitando el acceso al petróleo, gas y minerales, algunos de los cuales sirven como insumos clave para satisfacer la creciente demanda mundial de productos tecnológicos innovadores. No es sorprendente, por tanto, que cada vez el Ártico esté más concurrido, y sea mayor el número de actores que intervienen en él. La clase de competencia estratégica que prevalece en otras partes del mundo se está haciendo cada vez más presente también en el Ártico.

China, por ejemplo, se ha descrito a sí misma como un «Estado cuasiártico» y ha añadido una «Ruta de la Seda Polar» a su iniciativa transnacional de la Franja y la Ruta. También está invirtiendo sumas cuantiosas en los yacimientos de gas natural licuado ruso y está explorando la posibilidad de encontrar rutas marítimas más cortas. Mientras tanto, Rusia está construyendo rompehielos pesados, estudiando la ruta del norte para aumentar el transporte marítimo nacional e internacional, además de reconstruir las capacidades militares en la región que llevaban clausuradas desde el final de la Guerra Fría.

Estos cambios deben llevar a Europa a definir sus intereses geopolíticos de manera amplia para promover la estabilidad, la seguridad y la cooperación pacífica en el Ártico. Aunque la responsabilidad principal en este ámbito recae en los ocho Estados árticos, son numerosos los problemas en la región a los que solo se puede hacer a través de la cooperación regional o multilateral. Por ello, la UE ampliará su colaboración en estos asuntos con todos los actores, y en particular, con aliados y socios como los Estados Unidos, Canadá, Noruega e Islandia.

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En lo que respecta a la búsqueda y el salvamento marítimos, por ejemplo, necesitamos una cooperación regional o circumpolar entre los guardacostas nacionales, y debemos hacer un mayor uso de nuestros sistemas de satélites para reducir los riesgos en el mar. Asimismo, la UE está comprometida con el acuerdo para evitar la pesca no reglamentada en alta mar en el Océano Ártico central. Otra prioridad regional es la inclusión social: los retos a los que se enfrentan los criadores autóctonos de renos no se detienen en las fronteras nacionales. También somos más eficaces trabajando juntos en lo que respecta a las normas de transporte marítimo de cero emisiones, las mejores prácticas en materia de telemedicina, la energía procedente de fuentes renovables o la reducción de la contaminación por plásticos.

La UE tiene a sus espaldas décadas de experiencia fomentando la cooperación regional, por lo que estamos determinados a desempeñar un papel importante en la región. Como uno de los principales defensores del multilateralismo, nos tomamos en serio nuestros compromisos multilaterales, especialmente en relación con la lucha contra el cambio climático. Además, la Unión misma forma parte del Ártico. Tres de nuestros Estados miembros tienen territorio allí y promulgamos leyes que se aplican en cinco Estados árticos. También participamos en varios organismos regionales, tales como el Consejo Ártico, el Consejo Euroártico de Barents y la Dimensión Septentrional, en los que colaboramos con Rusia, Noruega e Islandia, en particular en materia de limpieza medioambiental.

La UE ampliará su intervención en el Ártico en todos los ámbitos políticos, lo que incluye prestar especial atención a los intereses y puntos de vista de los jóvenes y los pueblos autóctonos, que tienen un conocimiento único de los paisajes locales y son testigos de primera mano de los cambios que se suceden, y que suponen amenazas inminentes para todos nosotros.

Es evidente que necesitamos un planteamiento integral, que combine nuestros objetivos climáticos y medioambientales con las oportunidades económicas y una actuación conjunta frente a las amenazas comunes a la seguridad, incluidas las derivadas de la crisis climática. Por ejemplo, el fomento de una sólida transición ecológica permitirá a las regiones árticas crear empleo en sectores como la energía neutra en carbono, y desarrollar planteamientos sostenibles en materia de conectividad, turismo, pesca e innovación.

Europa seguirá utilizando su importante presupuesto de investigación y sus conocimientos especializados en ciencias de la Tierra para comprender mejor y contrarrestar los efectos del cambio climático. También trataremos de aumentar la autonomía estratégica de la UE en minerales estratégicos para la transición ecológica, velando por que la extracción de estas materias primas clave se lleve a cabo de conformidad con las normas medioambientales más estrictas.

El Ártico se enfrenta a retos graves, incluso vitales. La UE intensificará y modernizará su actuación en la región para garantizar que la actuación colectiva prime sobre una competencia geoestratégica potencialmente perjudicial a la hora de abordar estos desafíos.

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