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Europa y la defensa de África

WASHINGTON, DC – La Unión Europea ya enfrenta riesgos considerables sobre su estructura, la incertidumbre ante su recuperación económica, los desequilibrios entre norte y sur, y la ambigüedad británica sobre su calidad de miembro. Estos riesgos se ven agravados por la exposición a malos resultados en África, con su ingente cantidad de problemas de seguridad.

Gran parte del África del norte de la línea del Ecuador sigue siendo violenta y potencialmente explosiva. Las manifestaciones de la Primavera Árabe no han producido una generación de líderes atractiva, para no hablar de una cosecha democrática. La anarquía, el bandolerismo y el terrorismo de los grupos afiliados y aspirantes a Al Qaeda, como se ha visto en Mali y los yacimientos gasíferos de Argelia, pueden convertirse en más que una molestia letal.

En una situación en que Estados Unidos se presenta cada vez más reluctante a ser el policía del mundo, al reconsiderar, reducir y realinear sus compromisos estratégicos, los países europeos (en especial el Reino Unido y Francia, ya que Alemania no desea ser parte de ninguna operación militar) deberán asumir sobre sus hombros la responsabilidad principal de hacer frente a los problemas de seguridad africanos. Afortunadamente han demostrado cierta voluntad de hacerlo, como se ha visto en sus intervenciones en Libia y Mali.

Esto debe ser así porque, a pesar de que EE.UU. sigue teniendo gran interés y responsabilidades en el Noreste de África (debido a la relación de la región con Oriente Próximo), Europa se ve más afectada que EE.UU. por lo que vaya ocurriendo en el resto de África. Depende de importaciones energéticas del Magreb, y su cercanía geográfica y relaciones coloniales pasadas la convierten en un destino, no siempre acogedor, de la inmigración Africana. Los mismos factores hacen que esté más vulnerable a las actividades terroristas originadas en África.