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La audacia de las estrategias

BRUSELAS – Ante la acumulación de problemas es frecuente centrar la atención en el último que aparece y descuidar aquellos que, por ser anteriores, parecen menos urgentes. Los europeos llevamos muchos años viendo cómo cada nuevo desafío llega y copa todas las agendas, hasta que aparece otro –como el fallido golpe de Estado en Turquía, unas pocas semanas después del referéndum británico– y parece no darse respuesta a ninguno. Para no caer en el error de la inmediatez, sirven las estrategias. Estudian los desafíos, establecen objetivos a largo plazo y diseñan la acción del grupo para conseguirlos. No son milagrosas ni suponen la desaparición de los problemas, pero proponen iniciativas.

La salida de Reino Unido es, sin duda, un duro golpe para el proyecto europeo. Debemos lamentar que haya quienes prefieran continuar su camino por separado pero no nos puede llevar a la parálisis, ese sería el peor daño que podría producir. Seguimos teniendo muchos asuntos por resolver, que no desaparecen por el mero paso del tiempo. Uno de los más acuciantes es la seguridad de los europeos. Cada día que pasa sin emprender una acción conjunta es una oportunidad perdida y deriva en un incremento del riesgo.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Con esta necesidad en mente, la Alta Representante para Política Exterior de la UE ha estado trabajando, junto con su equipo, en el diseño de una estrategia para la política exterior y de seguridad de la UE. El documento que acaban de presentar tiene objetivos claros y definidos de manera consecuente a la delicada situación que vivimos los europeos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Puede parecer que no estamos en el momento idóneo para elaborar un documento que presupone la unidad de todos los europeos en torno a unos intereses comunes, y así lo han señalado muchos, pero esto la hace aún más valiosa. Como sostiene claramente la estrategia, la cooperación no es ya una cuestión de principios sino una necesidad perentoria.

Para algunos, esta estrategia resulta inconveniente e incluso inútil. Respetando las opiniones, no lo creo así. Aunque se presentara ante el Consejo Europeo una semana después del referéndum británico, la estrategia trata de implementar las disposiciones previstas en el Tratado de Lisboa, tras ocho años desde su entrada en vigor; responde a un mandato del propio Consejo Europeo (de junio de 2015); y trata de desarrollar una política en la que muchos ciudadanos quieren ver una UE más fuerte. Permanecer inmóviles hubiera sido un gran error.

El documento define objetivos claros, considera los errores del pasado y está profundamente anclada en la realidad actual de la UE. Llama a construir una Unión Europea más creíble, responsable y unida, la única respuesta válida que puede superar el euroescepticismo. Una Unión más creíble porque define qué acciones y capacidades son necesarias para procurar la defensa y la seguridad de Europa. Más responsable porque considera los efectos de su actuación a largo plazo y entiende que el desarrollo de los Estados fundamental para la prevención de conflictos. Y más unida porque no hay otra manera de hacer frente a los desafíos que suponen el terrorismo, los movimientos migratorios o el cambio climático. Las amenazas a nuestra seguridad no son comunes porque así lo hayamos decidido en un tratado ni por el consenso intergubernamental, lo son por nuestra condición de vecinos y porque formamos parte de un mundo que, aunque a algunos no les guste, es irremediablemente global.

Una de las consecuencias de un documento como la Estrategia Global es la construcción de una narrativa común entre los miembros. En el año 2003 también fue preciso reunir a los europeos en torno a una política exterior común, tras las diferencias que había creado la intervención en Irak, que a día de hoy nos sigue sorprendiendo. Pero, a diferencia de entonces, hoy el problema es de otro calado: se cuestiona la utilidad del propio proyecto europeo. Comprobar que la Unión Europea consigue actuar con eficacia confirmaría la necesidad de su existencia. En este punto la Estrategia Global también puede resultar útil. Los ciudadanos europeos perciben el terrorismo o el drama de los refugiados como cuestiones de máxima importancia y les gustaría que la Unión Europea tuviera un papel más relevante en los asuntos globales. Según un estudio del Pew Research Center en 10 países europeos (entre los que se encuentran Reino Unido, Polonia, Hungría o los Países Bajos), un promedio del 74% de la población apoya una acción más decidida de la UE hacia el exterior.

En los últimos años hemos confirmado que la seguridad dentro y fuera de nuestras fronteras están profundamente ligadas y desatender una supone poner en riesgo la otra. Por esa razón, la estrategia considera que para salvaguardar la seguridad interior es imprescindible una mayor y mejorada acción exterior. Asimismo, para que nuestras misiones y operaciones en el exterior sean eficaces a largo plazo, deben ir más allá del cese de la violencia y promover las estructuras que sostienen la seguridad dentro de nuestras fronteras como lo es, por ejemplo, la existencia de una autoridad legítima e inclusiva que proteja el estado de Derecho. A esto se refiere la estrategia cuando indica que el enfoque de la UE hacia los conflictos y las crisis debe ser integral, valiéndose de todos los instrumentos y políticas disponibles. Además, la manera en que desarrollamos la acción exterior también nos caracteriza como europeos y, en este ámbito, el de la seguridad humana, hay pocas organizaciones que puedan desplegar misiones y operaciones tan completas como las de la Unión Europea, que combinan elementos militares y civiles, como la policía o los jueces.

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El escenario ha cambiado mucho desde la Estrategia de Seguridad europea del 2003; Europa tiene que encontrar su sitio en medio de la competición entre grandes potencias y rodeada de conflictos e inestabilidad. Dentro de Europa también ha habido grandes cambios, las opiniones contrarias a fortalecer la UE parecen estar en alza; el resultado del referéndum de Brexit y las posturas de los países que formaban el Grupo de Visegrado, entre otros, lo demuestran.

Con la presentación de la Estrategia Global, quienes están a favor de seguir adelante han puesto una iniciativa encima de la mesa. De no haberlo hecho, todas las propuestas vendrían de quienes pretenden que la UE retroceda. En los próximos meses, tenemos que dar más pasos en la política exterior y de seguridad, para implementar los objetivos de la estrategia. Quienes estamos a favor de seguir construyendo no podemos quedarnos quietos.