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La primera prueba de la diplomacia europea

BRUSELAS – Crear el nuevo servicio diplomático de la Unión Europea llevó ocho años de áspero forcejeo político, pero su destino –y el de su jefa, Catherine Ashton- bien puede decidirse en las próximas semanas. El fracaso de la Unión hasta el momento a la hora de responder adecuadamente a la crisis que aqueja al mundo árabe está afilando los cuchillos en los Ministerios de Relaciones Exteriores de toda Europa.

Desde el punto de vista de la UE, la agitación que devora al mundo árabe no podría haberse producido en peor momento. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que está destinado a permitirle a la UE “hablar con una sola voz”, fue lanzado recién a fines de 2010 y muchos cargos jerárquicos siguen sin ocuparse. Pero ésa es una mala excusa para la incapacidad de la UE para poner su sello en la crisis.

Pocos saben mejor que los eurócratas de Bruselas que era sólo una cuestión de tiempo para que se produjera el malestar que hoy arrasa en todos los países árabes. Allá por los años 1990, las autoridades de la UE, a instancias de España, Italia y Francia, empezaron a darle forma a una estrategia mediterránea para estimular el comercio y la inversión en el mundo árabe. Europa ya temía que un creciente desempleo entre los jóvenes en la región creara una inestabilidad peligrosa a lo largo del flanco sur de Europa. 

Conocida como el “proceso de Barcelona”, esta iniciativa resultó ser débil e inefectiva, porque gran parte de su financiamiento fue desviado a Europa del este para la ambiciosa estrategia de ampliación de la UE. Recientemente, ha habido esfuerzos por revivir la iniciativa renombrándola Unión para el Mediterráneo, pero todavía con escasos logros concretos.