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besch2_ Bernd Wüstneckpicture alliance via Getty Images_germany military Bernd Wüstneck/Picture Alliance via Getty Images

¿Quién puede tener armas de Europa?

BERLÍN – Hace unos meses, Alemania decidió (contra las objeciones de Francia y el Reino Unido) extender su embargo de armas contra Arabia Saudita, una medida que refleja dudas sobre la legalidad de la intervención militar liderada por ese país en Yemen. La disputa resalta la discordia y la ineficiencia que todavía afectan seriamente la política de exportación de armas de la Unión Europea; la falta de una solución a este problema le está haciendo mucho más difícil elevar su perfil de defensa.

Iniciativas como el Fondo Europeo de Defensa (que busca coordinar, suplementar y amplificar las inversiones nacionales en defensa) fueron aclamadas como soluciones infalibles para el problema de la capacidad de defensa europea. Pero como señaló Anne-Marie Descôtes, embajadora de Francia en Alemania, para que los gobiernos europeos puedan desarrollar equipamiento militar en forma conjunta, necesitan garantías de que sus socios exportarán los componentes necesarios. Eso exige un conjunto transparente y predecible de normas de exportación.

Como planteamos con mi coautora Beth Oppenheim en nuestro artículo de investigación para el Centro para la Reforma Europea “Up in arms: warring over Europe’s arms export regime” [En armas: la guerra por el régimen de exportación de armas de Europa], la exportación de armas puede facilitar la cooperación militar con países aliados, al mejorar la interoperabilidad. En algunos casos, también se puede usar para mejorar las capacidades de defensa de socios estratégicos y así fortalecer acciones contra desafíos de seguridad que afectan a todo el mundo, por ejemplo la piratería o el terrorismo. En el plano interno, las exportaciones a terceros países permiten a las empresas de defensa europeas aprovechar al máximo las economías de escala y las obligan a desarrollar productos más competitivos. Cuantos más países participen en estos intercambios, mayor será el impacto.

Pero también hay un lugar importante para la restricción de exportaciones. Así como los embargos de armas pueden frenar la conducta agresiva de un país al privarlo de recursos militares, restringir la exportación de armas puede poner límites a gobiernos que las usarían para violar los derechos humanos. Pero para que esas restricciones funcionen, su aplicación debe ser amplia, uniforme y transparente. En este sentido, la falta de una política de exportación de armas coherente daña la credibilidad de la UE en cuanto proyecto basado en valores.

Es verdad que ya existe un marco paneuropeo de exportación de armas. De hecho, con sus ocho criterios para la emisión de licencias de exportación de armas (entre ellos el respeto del derecho humanitario) es uno de los más rigurosos del mundo. Pero no hay una aplicación efectiva de las reglas. El único modo en que la UE podrá crear una unión para la defensa es que eso cambie.

Para ello las instituciones europeas tendrán que superar una considerable resistencia. Como la defensa se considera una cuestión de soberanía nacional, los estados miembros de la UE no tienen voluntad política para ceder control de sus políticas de exportación de armas a (por ejemplo) un organismo supervisor supranacional.

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Para mayor complicación, antes de tomar la decisión de restringir las exportaciones a determinado país, los estados miembros de la UE deben ponerse de acuerdo respecto de la compatibilidad de esa medida con sus intereses; y eso es más fácil decirlo que hacerlo. Por ejemplo, en relación con Arabia Saudita, hubo quienes consideraron que en última instancia, la venta de armas es desestabilizadora (el caso más notable fue la canciller alemana Angela Merkel). Pero otros, por ejemplo el ex secretario de asuntos exteriores del RU Jeremy Hunt, sostuvieron que armar a los sauditas mejora la capacidad de la UE para contribuir a una solución del conflicto en Yemen.

Fuera de la dirigencia política, organizaciones de la sociedad civil han expresado inquietud por la posibilidad de que transferir poderes a la Comisión Europea (que no tiene tanta responsabilidad ante los votantes como los gobiernos nacionales) reduzca la transparencia. Algunos temen que una política paneuropea termine basándose en el mínimo común denominador, lo que limitará su eficacia.

Pero incluso en este entorno desfavorable, las instituciones de la UE pueden dar pasos hacia la armonización de sus políticas de exportación de armas. Por ejemplo, hacer planes de invertir más en investigación y desarrollo, trabajar con los gobiernos nacionales para identificar falencias en las capacidades de defensa de la UE y hacer una lista del equipamiento militar necesario. Luego los países provistos de capacidad podrían acordar el desarrollo de ese equipamiento a cambio de financiación de la UE.

A largo plazo, esto puede llevar a que la Comisión obtenga más influencia sobre las políticas de exportación de las empresas. Podrá entonces impulsar a los fabricantes de armas a favorecer los requisitos tecnológicos europeos antes que los de clientes externos y ajustar la lista de países a los que venden armas. Para aumentar la legitimidad democrática, el Parlamento Europeo debe tener más incidencia en la determinación de qué proyectos se financian y para quién.

La Comisión puede aprovechar el poder que tiene sobre el comercio de bienes de uso dual (civil y militar) para ejercer un mayor control de las exportaciones de armas. Además, la UE puede estandarizar el formato del informe anual sobre licencias de exportación que los estados miembros tienen que presentar, e imponer plazos más estrictos. Celebrar reuniones de revisión por pares permitiría a los gobiernos compartir experiencias e identificar buenas prácticas.

Finalmente, la UE puede alentar a los estados miembros a fortalecer los controles de uso final de las armas exportadas. Puede contribuir a este proceso costoso, lento y políticamente difícil mediante el envío de equipos de expertos a los países importadores. Esas actividades (y el intercambio de datos delicados que suponen) tendrán que negociarse por adelantado e incorporarse a los acuerdos de exportación.

Asegurar la aplicación efectiva de las normas paneuropeas de exportación de armas será una batalla cuesta arriba. Pero si los estados miembros de la UE realmente quieren profundizar la cooperación militar (por no hablar de crear una unión para la defensa), es una batalla que deben librar.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/F1y9xSYes;
  1. bildt70_SAUL LOEBAFP via Getty Images_trumpukrainezelensky Saul Loeb/AFP via Getty Images

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