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El acertijo de Minsky para la zona del euro

BRUSELAS – La tenacidad de la baja inflación tiene preocupado al Banco Central Europeo, pero su respuesta –básicamente, un aumento de la expansión cuantitativa– podría resultar contraproducente, exacerbar los desequilibrios y generar una grave inestabilidad financiera.

Al momento, el índice de precios al consumidor anunciado en la zona del euro se mantiene cercano a cero, e incluso la inflación básica se continúa debajo del 1 %, demasiado lejos de la meta del 2 % del BCE como para que este se sienta cómodo. Si bien otra ronda de debilidad en los precios mundiales de las materias primas a principios de este año contribuyó con esta situación, no explica las bajas expectativas inflacionarias para el largo plazo, que poco han mejorado desde marzo, cuando el BCE comenzó su masivo programa de compra de bonos por 60 000 millones de euros (66 300 millones de dólares) al mes.

Pero, en vez de repensar su estrategia, el BCE considera redoblarla: comprar aún más bonos y bajar la tasa de interés de referencia más aún para llevarla al territorio negativo. Eso sería un grave error.

Se supone que las mayores facilidades crediticias y las menores tasas de interés impulsan el crecimiento, ya que estimulan la inversión y la demanda de consumo. Pero en el núcleo de la zona del euro –como en Alemania y los Países Bajos– el crédito ha sido abundante y las tasas de interés se han mantenido cercanas a cero durante cierto tiempo, por lo que nunca hubo demasiadas posibilidades de que las compras de bonos tuvieran allí un impacto significativo. De hecho, el pronóstico más reciente de la Comisión Europea muestra que el gasto en los países centrales no aumentó gracias a las políticas del BCE; en realidad, el superávit externo alemán está aumentando.