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El desafío universitario de Europa

Los sistemas universitarios de los EEUU y Europa Continental no podrían ser más diferentes. ¿Cuál funciona mejor? La respuesta es clara: Estados Unidos, sin lugar a dudas.

Las universidades europeas generalmente están basadas en tres principios poco afortunados:

  • los contribuyentes, en lugar de los estudiantes, pagan la educación universitaria;
  • las designaciones académicas están regidas por los contratos del sector público y los procedimientos universitarios a menudo están centralizados y casi siempre son inflexibles;
  • los salarios entre los profesores tienden a igualarse, así como la calidad de la enseñanza entre las universidades.

Este sistema es supuestamente más igualitario que el sistema estadounidense de educación superior, que muchos europeos menosprecian como elitista. En realidad, el sistema europeo por lo general produce menos investigación, peores estudiantes (especialmente a nivel de doctorados) y probablemente es menos igualitario que el de EEUU.

Hacer que los contribuyentes cubran los costos de la educación universitaria es efectivamente una redistribución, pero en la dirección errónea: las más de las veces los beneficiarios son los hijos de familias europeas que disfrutan de un cómodo nivel de vida. Incluso asumiendo una perspectiva generosa, lo mejor que se puede decir es que el sistema es neutral en lo relativo a la redistribución, debido a que los más ricos pagan más impuestos y usan con más frecuencia los servicios universitarios.