La prueba de Europa en África del Norte

LONDRES - La reacción de Europa ante las históricas revoluciones en el norte de África ha vacilado entre la euforia y el miedo. El instinto natural de celebrar y apoyar la democratización en todo el Mediterráneo se ha visto atemperado por la preocupación de que la crisis se derrame sobre las costas europeas.

Algunos gobernantes han sacado a relucir el Plan Marshall, aplicado tras la Segunda Guerra Mundial, como modelo para la ayuda europea al desarrollo a gran escala en la región, con el fin de garantizar la sostenibilidad de una transformación democrática y generar beneficios políticos y económicos de largo plazo para Europa. Pero la reacción general ha sido mucho más temerosa: en toda la Unión Europea, los medios de comunicación y los políticos se muestran obsesionados por la amenaza de olas de migrantes llegando a sus fronteras.

Esta amenaza no debe tomarse a la ligera. La controversia sobre los inmigrantes tunecinos en Italia ya ha comenzado a debilitar los fundamentos políticos que permiten la libre circulación en el espacio Schengen. La guerra en Libia, por su parte, podría provocar que muchos más miles de civiles huyan de la violencia y necesiten protección internacional.

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